viernes, 27 de junio de 2008

"Sobre la Providencia". En Diálogos, de Séneca

A continuación voy a compendiar las principales reflexiones que he apreciado en esta obra. De la misma manera procederé con el resto de libros de los Diálogos. En ocasiones, incorporo mis propios comentarios y también incluyo algunas citas textuales. Como podrá comprobarse, tanto en la lectura de este libro como en la de los siguientes que componen los Diálogos, Séneca insiste a lo largo de todo el texto en una serie de ideas con el objeto de transmitirlas con claridad al lector:

-Hasta el más insignificante fenómeno sucede por reglas emanadas de la divinidad.

-El hombre bueno y Dios están estrechamente unidos por la virtud.

-El hombre bueno convierte en bueno el cruel destino, las circunstancias difíciles. “Lo importante no es qué soportas, sino de qué manera”.

-Los dioses sólo dan la desgracia a quien es capaz de afrontarla. El hombre bueno, el hombre valiente, es aquel que es capaz de vencer las dificultades, los retos que le pone la vida.
Para demostrarlo, el filósofo pone una larga serie de ejemplos de virtud que, en muchos casos, más bien parecen mártires (que se enorgullecieran de serlo). Entre ellos, nombra a Sócrates y a Catón.

-La adversidad es enviada por los dioses a los mejores hombres. Ya que las dificultades endurecen, hacen más fuerte, prueban al hombre hasta donde llegan sus capacidades.

-No hay que tener miedo a las adversidades porque la inmensa mayoría de los mortales las sufren.

-“Poco a poco acaba causando placer lo que empezó por necesidad”. En mi opinión, más bien deja de ser doloroso a fuerza de convertirse en costumbre.

-El sufrimiento y el trabajo no son males enviados por los males enviados por los dioses, sino que precisamente los “destinan” a los hombres buenos y esforzados.
Mientras, los hombres malos son indolentes y se entregan al ocio.

-El ser humano, desde que nace, tiene un destino marcado. Los dioses nos dan la vida, de modo que no tenemos que quejarnos de que nos la arrebaten.

-Los dioses no permiten que caiga ningún mal sobre los hombres buenos. En todo caso, los males que ellos mismos quieren: “Los hombres buenos pierden hijos. ¿Cómo no cuando a veces los matan?...son asesinados, ¿cómo no cuando a veces atentan contra sí mismos? Como se puede observar, cabría decir que la concepción de bondad que se tenía en la antigüedad no era la misma que se tiene en la actualidad.

-“No necesitar la dicha es vuestra dicha”.

-“…de todas las cosas que he querido que os fuesen inevitables, nada he hecho más hacedero que el morir, dice la Providencia. Es decir, si no place vivir, se tiene fácil salida de este mundo. Quien no desee vivir puede suicidarse”.
Se trata de una reflexión tan dura como evidente. Una eterna contradicción, porque se reniega tanto de la vida como de la muerte.

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