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miércoles, 15 de octubre de 2008

"Sobre la tranquilidad". En Diálogos, de Séneca

-Séneca considera normal la inquietud de su amigo Sereno. Es lógico que se encuentre intranquilo ante la nueva situación en la que está alcanzando la virtud.

-El principal síntoma de intranquilidad de espíritu, mucho peor que la anterior, es encontrarse a disgusto con uno mismo. Entonces, la persona anhela siempre lo que no tiene, no encuentra una ocupación, es irascible y se refugia temporalmente en un ocio solitario. En muchas ocasiones se intenta huir de uno mismo, cuando es algo imposible.

-La mejor manera de sentirse bien con uno mismo es hacer cosas para el beneficio de los conciudadanos, tanto desde la esfera pública como de la privada (incluso más provechoso desde ésta). Al hablar de ello, Séneca destaca la naturaleza social del hombre.

-Una ocupación primordial es buscar la buena amistad.

-Las riquezas son la causa de la mayoría de los quebraderos de cabeza. Por ello, vive más tranquilo el pobre que el adinerado (los mejor es vivir con poco, sólo con lo suficiente).
La austeridad es el estado idóneo que busca la utilidad de las cosas, no la ostentación. Por ello, Séneca no entiende que la Biblioteca de Alejandría (gracias a sus 40000 volúmenes) fuese un templo de la cultura, sino que lo ve como una frivolidad regia. En esta crítica debía tener mucho que ver su odio por la realeza.
Alude a la costumbre de los ricos de adornar sus casas con suntuosas bibliotecas, con estantes de madera de limonero y con marfil.

-“La vida es toda servidumbre”, de modo que lo que hay que hacer es tomarla con tranquilidad. La costumbre hace más llevaderos los golpes de la vida.

-Séneca concibe la vida como un aprendizaje de la muerte. Por ello, se ha de vivir sin tener miedo a la muerte.

-Los quehaceres que se acometan han de tener un fin, y no estar movidos por ideas falsas. En ese caso, se producirá la desesperanza.
Tampoco se debe enfrascar uno en demasiadas labores superfluas, ya que supone abandonar nuestro porvenir a la suerte.

-Para mantenerse en la tranquilidad de espíritu es necesario alcanzar el término medio entre la obstinación y la volubilidad.

-Así mismo, lo más conveniente es reírse de la vida, de todos sus desatinos y desgracias (como hacía Demócrito), antes que lamentarse constantemente (como hacía Heráclito).

-Séneca aconseja intercalar el trabajo, las preocupaciones, la sobriedad, con el esparcimiento y el ocio. Incluso habla de que es bueno dejarse en manos de Baco, para liberar el espíritu.

domingo, 10 de agosto de 2008

"Sobre el Ocio". En Diálogos, de Séneca

-Hay que señalar que éste es el Diálogo más cercenado por los avatares del tiempo.

-“No consideramos bueno o malo el camino por sí mismo, sino por el número de pisadas (de gente que frecuenta ese vicio o ese camino) entre las que no hay ninguna de nadie regresando”.

-El modo más provechoso de emplear el ocio es haciendo algo que beneficie a nuestros iguales: actuando en política, con lo que se elaboran leyes y se trabaja para una pequeña comunidad; contemplando la naturaleza y haciendo indagaciones sobre ella, con lo que se logrará descubrir leyes científicas que aprovecharán a la ciudadanía universal.

viernes, 27 de junio de 2008

"Sobre la Providencia". En Diálogos, de Séneca

A continuación voy a compendiar las principales reflexiones que he apreciado en esta obra. De la misma manera procederé con el resto de libros de los Diálogos. En ocasiones, incorporo mis propios comentarios y también incluyo algunas citas textuales. Como podrá comprobarse, tanto en la lectura de este libro como en la de los siguientes que componen los Diálogos, Séneca insiste a lo largo de todo el texto en una serie de ideas con el objeto de transmitirlas con claridad al lector:

-Hasta el más insignificante fenómeno sucede por reglas emanadas de la divinidad.

-El hombre bueno y Dios están estrechamente unidos por la virtud.

-El hombre bueno convierte en bueno el cruel destino, las circunstancias difíciles. “Lo importante no es qué soportas, sino de qué manera”.

-Los dioses sólo dan la desgracia a quien es capaz de afrontarla. El hombre bueno, el hombre valiente, es aquel que es capaz de vencer las dificultades, los retos que le pone la vida.
Para demostrarlo, el filósofo pone una larga serie de ejemplos de virtud que, en muchos casos, más bien parecen mártires (que se enorgullecieran de serlo). Entre ellos, nombra a Sócrates y a Catón.

-La adversidad es enviada por los dioses a los mejores hombres. Ya que las dificultades endurecen, hacen más fuerte, prueban al hombre hasta donde llegan sus capacidades.

-No hay que tener miedo a las adversidades porque la inmensa mayoría de los mortales las sufren.

-“Poco a poco acaba causando placer lo que empezó por necesidad”. En mi opinión, más bien deja de ser doloroso a fuerza de convertirse en costumbre.

-El sufrimiento y el trabajo no son males enviados por los males enviados por los dioses, sino que precisamente los “destinan” a los hombres buenos y esforzados.
Mientras, los hombres malos son indolentes y se entregan al ocio.

-El ser humano, desde que nace, tiene un destino marcado. Los dioses nos dan la vida, de modo que no tenemos que quejarnos de que nos la arrebaten.

-Los dioses no permiten que caiga ningún mal sobre los hombres buenos. En todo caso, los males que ellos mismos quieren: “Los hombres buenos pierden hijos. ¿Cómo no cuando a veces los matan?...son asesinados, ¿cómo no cuando a veces atentan contra sí mismos? Como se puede observar, cabría decir que la concepción de bondad que se tenía en la antigüedad no era la misma que se tiene en la actualidad.

-“No necesitar la dicha es vuestra dicha”.

-“…de todas las cosas que he querido que os fuesen inevitables, nada he hecho más hacedero que el morir, dice la Providencia. Es decir, si no place vivir, se tiene fácil salida de este mundo. Quien no desee vivir puede suicidarse”.
Se trata de una reflexión tan dura como evidente. Una eterna contradicción, porque se reniega tanto de la vida como de la muerte.