lunes, 19 de abril de 2010

Bibliotecas... ¡deberían prohibirlas!

Desde hace unos años, la cuestión de los derechos de autor es una polémica recurrente, un tema que está en las conversaciones cotidianas y en los los medios de comunicación. Casi con toda seguridad, el causante de ello ha sido que los ordenadores e Internet están disponibles para el gran público.

De repente, las sociedades defensoras de los derechos de autor ha comenzado a cobrar por multitud de conceptos. La mayoría de los mismos nos dejan patidifusos, ni se nos había pasado por la cabeza que se tuviese que pagar por ellos.

Un ejemplo de ello aparecía hace unos días en el periódico El Norte de Castilla: la agrupación local de IU de Benavente (provincia de Zamora) quería realizar un recital de poesía de Miguel Hernández con motivo del Día del Libro. Pero al conocer que tendrían que pagar 95 euros a la SGAE en concepto de derechos de autor, deciden cancelarlo. Se trataba de un acto popular, sin ningún ánimo de lucro. Para este tipo de casos, la SGAE "sólo" cobra 95 euros.

Posteriormente, escuché en la programa de RNE "Esto me suena" (minutos 9 a 14 del programa de 16 de abril) que asociaciones de hosteleros y empresarios de Montijo (provincia de Badajoz) y su comarca llevan varios meses de pleitos con la SGAE porque se niegan a pagar el denominado "canon". La persona entrevistada reflexionaba con muy buen criterio. Si tienen que pagar por poner la radio o la televisión en sus locales, ¿acaso no tendrían también que pagar a los diseñadores de las mesas, sillas, etc.? También ellos han realizado un trabajo intelectual. Y ya puestos, a los diseñadores de las máquinas de café, cajas registradoras, etc. ¿O es que ya se supone que están se adquieren con un fin comercial o industrial? Sin duda, si queremos liar la madeja, esto se puede convertir en un sinsentido, todo el mundo podrá cobrar por cualquier cosa. A este paso, en este país no se podrá abrir ni un puesto de venta de pipas.

Lo más escandaloso del ejemplo de Montijo es que los hosteleros, nada más abrir su comercio, reciben una factura de la SGAE, diciendo que tienen que pagar porque están poniendo obras de autores que son defendidos por la SGAE. Cuando se les pregunta qué autores son, se les responde que no pueden decirlo porque son muchos. Pero como dice el señor entrevistado, ya no sólo existen licencias de copyright, sino también Copyleft o Creative Commons.

Estos ejemplos pueden considerarse poca cosa si los comparamos con el tema de Internet y de las redes peer to peer (o P2P). ¿Cómo se le puede ocurrir a la gente compartir archivos que ya tienen (ya sean libros, películas, etc.) con el objeto de no tener que comprarlos? Pero no es necesario irse al campo de lo virtual. Existen unos lugares físicos en los que la gente comparte libros sin necesidad tener que comprarlos y, por tanto, sin necesidad de que haya que producir más y más libros. ¡Deberían prohibirlos! ... Por cierto, estos sitios son las bibliotecas públicas.

Concluyendo, la inmensa mayoría estamos de acuerdo en que muchas de las reclamaciones de la SGAE (y otras sociedades protectoras de los derechos de autor) son extravagantes, por no decir aberrantes. Pero no es menos cierto que si tienen lugar es porque hay unas leyes que las amparan. De modo que lo que debería reclamarse no es la supresión de la SGAE, sino la derogación de esas leyes. Del Parlamento es la responsabilidad de que no sigamos viendo noticias tan "pintorescas".

Un saludo cordial.

domingo, 18 de abril de 2010

Libro tradicionales vs E-reader : ¿Cuál contamina menos?

El artículo que hoy comento y traduzco (parcialmente) aquí puede resultar de gran utilidad, tanto para el público general como para los defensores acérrimos del libro tradicional, el de papel.

La llegada de los libros electrónicos (o lectores electrónicos, o e-readers) parece que amenaza con convertir los libros tradicionales en reliquias decimonónicas.

Sin embargo, la época actual se caracteriza, entre otras muchas cosas, por la búsqueda de una buena relación hombre-naturaleza. La visión ecológica parece que le otorga una oportunidad al libro de papel. Puede parecernos extraño, pero el libro tradicional puede ser mucho más “verde” que los e-readers (ya sea iPad o Kindle). A continuación refiero una comparativa libros electrónicos-libros tradicionales, analizando diferentes aspectos:

-La cantidad de materias primas necesarias para construir un e-reader son muchos mayores. Además, son más contaminantes. Por ejemplo, se utilizan metales, que se extraen en regiones de África asoladas por guerras, como la columbita-tantalita.

-El proceso de producción requiere consumir mucha más energía. Además, su producción conlleva efectos mucho más adversos para la salud (se estima que un 70 veces peores que hacer un solo libro).

-Resulta interesante que las operaciones de transporte son muchos más contaminantes que la producción de un libro o de un e-reader. Hemos de tener en cuenta que un e-reader contiene muchos libros y podemos adquirir nuevos libros por Internet. Esto último no puede hacerse con el libro tradicional, para cuya compra tendremos que trasladarnos a una librería. De modo que, en este apartado, gana el e-reader al libro por conllevar menos contaminación.

-A la hora de la lectura, el libro tradicional no necesita de energía para su visualización por muy eficiente que sea la pantalla del e-reader.

-El reciclaje: en el caso de los e-reader se trata de una operación complicada. Pueden ser “reciclados” ilegalmente en países del Tercer Mundo, cuyos trabajadores se expondrán a una serie de sustancias tóxicas. Si tenemos más suerte, será reciclado en una planta de última generación, con un mayor control de las emisiones y de la recuperación de los metales, conllevando menos riesgos de salud para los obreros.
En el caso de que el e-reader acabase en un vertedero, su descomposición generaría el doble de emisiones a la atmósfera y efectos tóxicos para los acuíferos locales.


Tanto las imprentas como las empresas de electrónica están reduciendo poco a poco los efectos adversos a la naturaleza. Se estima que el consumo de combustibles fósiles, agua y minerales de un e-reader equivale a 40-50 libros de papel. A la hora de hablar de los efectos sobre el calentamiento global, la producción de un libro electrónico equivale a 100 libros tradicionales.

Tantas cifras y comparaciones nos llevan a concluir que la manera más ecológica para leer es acercarse a la biblioteca pública más cercana. Eso es lo mejor de todo.

Nota: el artículo ha sido publicado el 4 de abril en The New York Times, escrito por Daniel Goleman y Gregory Norris.

sábado, 10 de abril de 2010

Las cuentas pendientes de Google con los artistas visuales

El faraónico proyecto de Google para crear una enorme biblioteca digital no acaba de salir del laberinto de querellas al que se enfrenta desde su presentación.

La firma de un acuerdo con los autores y editores de Estados Unidos a finales de 2008 no significó, ni mucho menos, el fin de las querellas judiciales. El pasado miércoles los artistas visuales de Estados Unidos, a través de la American Society of Media Photographers y otras asociaciones, presentaron una demanda judicial a Google por su proyecto de digitalización.
Estas asociaciones han denunciado que las acciones de Google de digitalización masiva de documentos infringen los derechos de autor de los fotógrafos y otros creadores gráficos. Y reclaman una compensación adecuada para los artistas visuales cuyos trabajos aparecen en los más de 12 millones de libros y otros documentos que ha digitalizado Google.

Esta demanda no es sino otro episodio similar al que protagonizaron el Gremio de autores y la Asociación de Editores estadounidenses en 2005, que fueron los primeros en demandar a Google. Como anteriormente hemos dicho, llegaron a un acuerdo económico que, además, ofrecía a autores y editores nuevas oportunidades explotación económica. Y esto será lo que también acabará ocurriendo con los artistas visuales.

Porque si nos paramos a pensarlo con tranquilidad, simplemente Google ha aprovechado su posición privilegiada en el ámbito de la información y la comunicación para sacar adelante un proyecto muy ambicioso (arriesgado en su momento, porque no éramos pocos los que no sabíamos qué beneficio sacaba Google con su proyecto) y de enorme rentabilidad. Y ahora compañías como Microsoft y Amazon, que no tuvieron la genialidad y la osadía de Google, comparten la opinión del Departamento de Justicia de Estados Unidos de que Google está utilizando su posición monopolística para realizar su proyecto. No deja de ser chocante que Microsoft acuse a otra empresa de monopolio. Pero ése es otro cantar.

Volviendo al tema que nos ocupa, este nuevo litigio que se cierne sobre el proyecto Google Books no se trata, ni más ni menos, que de una lucha de cada uno de los agentes que intervienen en el mundo del libro por quedarse con su pedazito de tarta de este enorme negocio que es la cultura. Cada sector defiende sus derechos, en cambio ¿alguien defiende el derecho de los ciudadanos de acceso a la cultura? Quizá no soy muy leído del tema, pero estoy convencido de que nadie está realmente preocupado por eso. Porque esto será un drama para la SGAE, pero bien poco que le importó que se implantara el canon por préstamo de libros en la bibliotecas.

Y no hay que olvidarse de que, mientras todos estos litigio judiciales no acaban de dilucidarse, Google sigue digitalizando libros como si nada ocurriese alrededor. Ésa es la manera de actuar del que siente que tiene la sartén por el mango, de un auténtico monopolio. No hay duda.

Nota1:
enlace al artículo original de The New York Times publicado el 6 de abril, escrito por Miguel Helft.
Nota2: noticia conocida gracias a LISNews.

jueves, 8 de abril de 2010

Nuevas tendencias bibliotecarias o Las bibliotecas no son para los libros

Éste puede ser un futuro probable de las bibliotecas. El entorno de crisis económica actual y las nuevos intereses de la comunidad están haciendo que la manera de mirar a las bibliotecas esté cambiando radicalmente y ya sí de un modo efectivo, al menos en el Reino Unido. Un artículo aparecido en Timesonline nos ofrece interesantes reflexiones sobre los retos a los que se enfrentan las bibliotecas públicas actualmente. Artículo que traduzco parcialmente y comento a continuación. Espero que sea de vuestro interés.

La Library Act de 1964 había mantenido a las bibliotecas como uno de los principales soportes de la cultura británica. Sin embargo, con el recién estrenado Departamento de Cultura, Medios y Deportes (DCMS), cuestiones como los libros electrónicos gratuitos, el uso de las redes sociales, la diversidad de las comunidades y las derivaciones comerciales de estos temas han abierto un feroz debate sobre cuáles son los objetivos de la bibliotecas en la sociedad actual.

Por lo general, para bien o para mal, las necesidades culturales de las nuevas generaciones no van dirigidas al libro. Esto unido a una situación económica precaria está llevando a las autoridades británicas a actuar de la siguiente manera:

-Cerrar decenas de bibliotecas para ahorrar dinero, así como disminuir los horarios de apertura de muchas otras bibliotecas.

-Apostar por un nuevo tipo de biblioteca como la recién renovada biblioteca del concejo de Enfield (norte de Londres). Alrededor del antiguo edificio se la ha recubierto de una moderna estructura de cristal. En la planta baja, hay una cafetería donde se puede disfrutar de deliciosos cafés y sandwichs, una biblioteca infantil con un área de juegos, una área juvenil donde se puede escuchar a los cantantes preferidos, una sección con terminales de ordenador y un autoservicio de escáneres RFID para el préstamo. En la planta superior se encuentran más ordenadores y la colección de libros.

El poeta inglés Andrew Motion que actualmente es el presidente del Consejo de Museos, Bibliotecas y Archivos, considera que el nuevo modelo de bibliotecas es el adecuado para la sociedad de estos tiempos. Según él, se trata de un lugar que combina un espacio para niños, otro para Pc´s y otro para la lectura.

Sin embargo, no todos están entusiasmados con este nuevo paradigma de biblioteca. Creen que la biblioteca infantil a menudo parece más una guardería y que la biblioteca, en general, más se asemeja a un centro de comunicación, con ordenadores y con pocas mesas de trabajo.
Este sector de la comunidad piensa que la biblioteca no es simplemente un lugar de encuentro de la comunidad, consideran que se distingue por su naturaleza literaria, por la presencia del libro.
En un sentido parecido opina el filósofo Alain de Botton, que cree que las bibliotecas no pueden entenderse sin la presencia de estanterías con libros. Y enfatiza el valor y la importancia de las bibliotecas como uno de los pocos lugares que invitan a hacer algo que no sea trabajar o comprar.

La experiencia del distrito de Tower Hamlets (este de Londres) parece haber seguido el planetamiento de Tim Coates. Hace diez años realizaron un estudio y comprobaron que sólo un tercio de la población usaba las bibliotecas. Percibían las bibliotecas como un lugar “mohoso”. Decidieron reemplazar las antiguas sucursales por cuatro nuevos edificios diseñados para ser centros de información y aprendizaje de la comunidad. Se ha reducido el lugar que ocupan los libros porque “la gente lee menos y descarga más”, afirma la Jefa de Biblioteca y Museos, Julie Gibson. Ella considera que antes las bibliotecas no se usaban sólo por los libros, y mucho menos ahora.

Pero realmente no parece que el debate sobre la mayor o menor presencia de libros en las bibliotecas sea lo que dilucide la esencia de lo que tiene que ser una biblioteca. Y un ejemplo de esto lo tenemos en otra de las medidas que se están tomando como consecuencia de la crisis. En el Condado de Cumbria (noroeste de Inglaterra), los recortes presupuestarios están siendo acompañados del establecimiento de los llamados “Enlaces bibliotecarios”. Se trata de estanterías de libros actuales con servicio de autopréstamo colocadas en diferentes tiendas y locales de las ciudades y pueblos. Los usuarios pueden tomar en préstamo libros, al mismo tiempo que hacen la compra de la semana o se compran un pantalón. Para Jim Grisenwhite, Jefe de Cultura del Condado, los enlaces bibliotecarios tienen una funcionalidad mucho mayor que las bibliotecas móviles y un potencial ilimitado.
Este ejemplo nos permite observar que no está tan claro que los libros hayan dejado de tener espacio en las bibliotecas, al mismo tiempo que presenta un nuevo servicio de las bibliotecas, una nueva manera de acercarse a los usuarios.

Por último, otro aspecto que también tiene mucha importancia es la tendencia a hacer enormes bibliotecas, como es el caso de la gran biblioteca que se construye en Birmingham y que va a costar 193 millones de libras. Julie Gibson cree que las bibliotecas deben estar a una distancia razonable para todos los ciudadanos.

Posiblemente, la cuestión sobre qué debe ser una biblioteca se encuentra en lo que plantea Tim Coates, antiguo director de la librería Waterstone´s: no se trata de que haya o no libros. La biblioteca debe ser un servicio social. Si realmente cumple esta función, será una buena biblioteca, si no la cumple, será una mala biblioteca.

El debate está y seguirá estando. No puede ser de otra manera, porque la sociedad, y sus necesidades y expectativas, varían constantemente y la biblioteca, como servicio a la comunidad que es, tendrá que seguir modificando sus planteamientos para, sin perder sus señas de identidad, ofrecer el mejor servicio a la sociedad.

Nota1:
enlace al artículo aparecido en Timesonline el 30 de marzo, escrito por Mike Pattenden.
Nota2: noticia conocida gracias a LISNews.