domingo, 2 de septiembre de 2007

¿Libros? En papel, por favor

Desde hace varios años, la irrupción de información en materiales no librarios y de los e-books parecía que significaba el principio del ocaso del libro tradicional. Y con ello se acercaba el momento en que los bibliófilos (en su sentido más amplio, no sólo los amantes ycoleccionistas de los ejemplares raros y preciosos) nos convirtiésemos en una “especie” en peligro de extinción.

Sin embargo, el tiempo pasa y le está dando la razón al libro. No vive por casualidad, sino porque está por inventarse aquello que aporte mayor satisfacción que la lectura de un libro de papel. Su textura, su tacto, su olor, su ruido al pasar las páginas, etc. sí que son el mejor hiperenlace hacia la evasión, la imaginación, la reflexión, el aprendizaje y el disfrute personal. En mi opinión, hay pocos placeres tan intensos como la lectura del “libro tradicional”; además de una actividad, un ejercicio de intimidad que creo sólo tiene parangón con una conversación serena y pausada con la pareja o con un buen amigo.


Y todo este “arranque” de romanticismo o sentimentalismo, ¿por qué? Desde luego, tiene su motivo. Hace unos días, Manuel González se hacía eco en un artículo (en Papel en blanco) de la polémica de las traducciones del último libro de la saga de Harry Potter, de J.K. Rowling, y de la detención en Francia de un adolescente marsellés por haber traducido al francés la novela (que no llegará a Francia hasta el 27 de octubre; la traducción al castellano sólo estará disponible a partir de finales de este año). Pero, ciertamente, esto se trata de un asunto aislado. Sólo en el caso de libros de un éxito tan rotundo con la saga de Harry Potter se realizarán traducciones paralelas, no autorizadas. Nadie va a realizar semejante tarea habitualmente con todos los libros que salgan, simplemente porque exige mucho esfuerzo. Aunque, bien es cierto, que la mayoría de las traducciones a diversos idiomas han sido realizadas por grupos de fans de Harry Potter, que pueden haberse distribuido el trabajo.


De todos modos, la industria editorial no tiene razón alguna por la que ponerse a temblar. El libro ha sido uno de los mejores inventos realizados por el ser humano, no necesita electricidad para funcionar, es de fácil transporte, diseño compacto, etc.; no es casualidad que tenga miles de años. Por otro lado, no es mi intención hacer de adivino, ni mucho menos, sólo es una impresión propia: no creo que los e-books lleguen a desplazar al libro, por lo menos durante muchas décadas. Ya nos pasamos bastantes horas delante del ordenador como para ponernos delante de otra pantalla (más pequeña) a leer. Entre otras cosas porque considero que la mayoría de las personas entendemos el acto de leer un libro como una manera maravillosa de desconectar. No de desconectar obligatoriamente de la realidad (no todo lo que se lee es ficción y expone hechos agradables), si no de la rutina diaria.


Es cierto que la lectura ya no es patrimonio exclusivo del papel. En realidad, hay mucho más escrito en soportes diferentes. Esto ha implicado un cambio profundo en la función que juega el libro tradicional en la actualidad. Para todos los públicos, ha asumido el rol principal de objeto (realmente no me gusta esta palabra aplicada al libro) de ocio y esparcimiento, aunque sigue teniendo un posición clave en el ámbito científico de las Humanidades y las Ciencias Sociales. En cambio, en el ámbito científico general, el papel predominante ya lo tienen los recursos electrónicos, y el papel ha quedado en un segundo plano. En definitiva, el libro ha tenido que adaptarse a las múltiples transformaciones que han acaecido en la sociedad contemporánea, al igual que la inmensa mayoría de las cosas, pero sigue y seguirá teniendo una importancia crucial. No cabe duda que todo este “terremoto” ha tenido una repercusión palpable en las bibliotecas. Apenas hay que mirar quince años atrás para darnos cuenta de “cómo hemos cambiado”, y también nuestras bibliotecas.

Por otro lado, con los “libros tradicionales” tomamos conciencia de que el saber sí que ocupa lugar. Esta realidad nos pasa desapercibida con las memorias de los ordenadores, que pueden contener la Biblioteca de Alejandría y aún sobra disco duro para varias miles de bibliotecas más. Y a mí, como creo que a otra mucha gente, me gusta conservar la noción del lugar que ocupa el saber.


Parece que con tener unos medios tecnológicos impresionantes está todo hecho. Sin embargo, si no hay personas que sepan manejar estas máquinas y les den un contenido humano, ¿de qué sirven tanto ordenador, adsl, móvil, ipod, etc.? Posiblemente esta generación sea la que tiene más medios a su alcance, pero eso no hace que todas las personas de esta sociedad sean personas inteligentísimas. Lo que nos hace más conscientes, sensibles, razonables, críticos, instruidos es la lectura y la asimilación de lo que se lee. Si se tienen pocos medios pero se hace un uso óptimo de ellos, se puede llegar a ser una persona muy culta y consciente. Y viceversa, la mentablemente. No nos dejemos confundir por las TIC´s, no olvidemos lo esencial: el conocimiento no se adquiere por ósmosis. Para saber algo, habrá que seguir leyendo y haciendo el ejercicio de razonar. El aprendizaje sigue siendo una cuestión de esfuerzo. Otra cosa es que haya gente que quiera engañarse o engañarnos con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, en los colegios e institutos ya se dispone de banda ancha y de aulas con un ordenador por alumno (es decir, una auténtica gozada, cómo me hubiese gustado tener a mano esos medios en su momento), sin embargo hay una infrautilización absoluta de toda esta tecnología. Pero este es otro tema que por sí solo daría lugar a un extenso debate.


En fin, el libro sigue teniendo una excelente salud y muchas satisfacciones que darnos. Por eso, si me preguntan: lectura, ¿tradicional o con pantalla?, yo respondo: en papel, por favor.


Un saludo cordial.


PD: supongo que esto debe ser una “deformación” propia de mi generación “híbrida”, me encanta el mundo de Internet, de los ordenadores, de sus enormes posibilidades y, a la vez, soy un acérrimo defensor del libro en papel. Creo que difícilmente sea capaz en un futuro de solucionar esta situación paradójica. Imagino que, como todos, tengo mis propias contradicciones.



La traducción del último libro de Harry Potter en los medios (como ejemplo):

-El Periódico. "Detenido en Francia un joven por traducir el último Harry Potter"

-La Voz de Galicia. "La traducción al español del último libro de Harry Potter ya está en la red"

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