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sábado, 12 de diciembre de 2009

La British Library estrena un nuevo depósito

El pasado jueves 3 de diciembre, la British Library inauguró un nuevo grandioso depósito automatizado. Una parte muy importante del traslado y ordenamiento en el futurista edificio, localizado en Boston Spa (West Yorkshire), la realizan robots que operan a lo largo 131 millas en un ambiente de almacenamiento controlado.

El edificio albergará eventualmente siete millones de ejemplares de la colección nacional, en 140000 contenedores. Dará cabida a material de uso reducido, incluyendo patentes, libros y periódicos. Siete robots se encargan de llevar los contenedores a la zona de recuperación, donde el personal toma los documentos requeridos.

La nueva infraestructura, que ha sido financiada con 26 millones de libras del Departamento de Cultura, Medios de comunicación y Deporte, fue oficialmente inaugurada por la Ministra de Yorkshire y el Humber, Rosie Winterton.

Esta instalación va a contener el material que se encontraba en las propiedades alquiladas de Londres y que han quedado vacantes por la biblioteca. Los materiales más utilizados están siendo transportados a la sedes de San Pancras (en el centro de Londres), y los menos utilizados se quedarán en Boston Spa.

Steve Morris, el director de la biblioteca de servicios financieros corporativos afirmó que los materiales que conservan constituyen una parte sustancial de la memoria de la nación y están haciendo lo posible para conservarlos en unas condiciones medioambientales que aseguren su supervivencia durante un largo tiempo.
Espero que la información haya resultado de vuestro interés. Un saludo cordial.
Nota1: más información en el artículo original, aparecido en The Times Online el 4 de diciembre.
Nota2: información encontrada gracias a LISNews.

martes, 2 de junio de 2009

Un gato con vocación bibliotecaria

Aquí os dejo con una historia amable, de esas que tan poco abundan y tanto nos hacen falta, más aún en estos tiempos. Espero que os guste. Un saludo cordial.
Fidel, un gato negro de 8 años, va a la Biblioteca de Deal (en Kent) casi todos los días mientras sus dueños están en el trabajo.

Pasa el día en su silla azul favorita, sólo sale del edificio cuando ve que sus dueños llegan a casa.
El personal dice que nunca ha intentado atraerlo con comida e, incluso, lo echaron al empezar a visitarlos pero él siempre volvía.

Heather Hilton, el director de distrito para la Biblioteca de Deal, declaró que “realmente parece que a Fidel le gusta venir aquí y es muy popular entre nuestros usuarios”.

Una portavoz del Concejo del Condado de Kent, que va a la biblioteca, dijo que Fidel era un usuario tan entusiasta que a veces llega antes que el personal y puede ser encontrado esperando en la puerta principal.

Fidel es un gato rescatado de la calle, al que sus dueños acogieron procedente de un hogar para animales tras ser encontrado abandonado en un edificio de la localidad de Deal.

Nota1: enlace a la noticia original de BBC News.
Nota2: artículo encontrado gracias al portal LISNews.

martes, 14 de abril de 2009

La biblioteca pública: un valor seguro en tiempos de crisis

En esta noticia, se nos muestra cómo las bibliotecas son el mejor aliado de los desempleados, ofreciendo no sólo recursos documentales sino también de asistencia por parte del personal bibliotecario.


“La búsqueda de empleo de Anthony Morris sufrió un contratiempo este mes, cuando la Biblioteca pública de Queens Borough le informó de que no podría una nuevo carnet bibliotecario hasta que pagase una multa de 80 dólares.


El señor Morris, de 31 años de edad, ha estado desempleado durante 8 meses y no tenía dinero. Pero había acumulado una serie de libros que necesitaba para preparar un examen que era parte de un proceso de selección para conseguir un trabajo en Con Edison, y también necesitaba el carnet bibliotecario para consultar en línea sitios con información confidencial. Así que preguntó si podría pagar la deuda con su trabajo.

Después de 22 horas ordenando libros en la sección de referencia de la biblioteca sucursal “Jamaica”, el señor Morris consiguió su carnet bibliotecario y se le pidió trabajar a media jornada en la biblioteca.

“Es sólo un salario mínimo, pero llena un espacio”, dijo el señor Morris, que vive cerca y previamente trabajó en una planta química que fabrica tintes para cuero. Está esperando para ver si consigue el trabajo.


Mientras que estos resultados directos son realmente extraños, las bibliotecas públicas de la ciudad están incrementando su servicio como improvisados centros de empleo. En la sucursal de 58th Street de la biblioteca pública de Nueva York, en Manhattan, por la mañana, una multitud de profesionales desempleados ocupan los ordenadores, una vez que han sido utilizados por los usuarios más mayores, y los libros sobre la confección de curriculums vitae duran poco tiempo en las estanterías. La Biblioteca de Ciencia, Industria y Negocios de 34th Street atrajo a 700 personas para un acto sobre preparación profesional y recientemente se dobló el número de clases de informática que se ofrece a las personas mayores porque la gente que busca trabajo ha hecho que las clases existentes se colapsen.


“Nosotros hemos estado en la labor de búsqueda de empleo durante décadas” dijo Paul LeClerc, presidente de la red pública de bibliotecas de Nueva York, haciendo hincapié en que el presidente Obama ha afirmado que un bibliotecario le ayudó a encontrar su primer trabajo como organizador comunitario. “Esto es una continuación”.


El nuevo papel bibliotecario llega en medio de una gran oleada de demanda a las bibliotecas de bienes y servicios gratuitos, lo que es típico durante las recesiones económicas. En el cuarto trimestre de 2008, la circulación (de fondos) se incrementó un 16% en comparación con el año anterior en la Biblioteca pública de Nueva York, la cual sirve a Manhattan, el Bronx y Staten Island; un 9% creció en la Biblioteca Pública de Brooklyn; y un 2% en Queens. Los tres sistemas bibliotecarios también informaron de un significativo crecimiento en el número de visitas.


Pero las bibliotecas se están enfrentado a bruscos recortes en el presupuesto propuesto por el alcalde para el próximo año y tienen otras dificultades económicas. Brooklin ha cerrado ya sus sucursales los domingos y está planteándose cerrar más horas. Este mes una compañía hotelera se echó para atrás en su acuerdo de compra de la biblioteca Donnell, un edificio de cinco plantas en 53rd Street, cuya venta se pretendía que ayudase a pagar los 250 millones de dólares que va a costar la renovación de la biblioteca principal de la red pública de biblioteca de Nueva York, en la Quinta Avenida.


En el centro bibliotecario del Bronx, cerca de la Universidad Fordham, Janice Moore-Smith, consejera para la formación y el empleo, lleva varios años ayudando diariamente a media docena de personas con sus curriculums. En los últimos meses, a menudo han sido diez personas. Además, Moore-Smith comentó que ha estado programando más sesiones conjuntas con maridos y mujeres en las que da apoyo emocional junto con consejos laborales. “Estoy haciendo terapias de pareja”.


Los bibliotecarios comentan que, normalmente, el servicio más solicitado es el puesto de ordenador. En la biblioteca de Queens para Adolescentes en Far Rockaway, más y más jóvenes están viniendo para inscribirse, aludiendo a que sus padres han quitado el servicio de Internet en casa. Y como los sitios Web han sustituido ampliamente a los periódicos como el lugar más común de las listas de trabajo, encontrar trabajo sin acceso a Internet se ha hecho más complicado.


Kerwin P. Pilgrim, director de la división del centro de información laboral y educacional de la Biblioteca Pública de Brooklyn, dijo que ha comenzado a preparar 15 personal del equipo para proporcionar asistencia individual a las personas que buscan trabajo, en previsión de que la demanda crezca si la economía empeora. En enero, la biblioteca anunció que habría un miembro del personal disponible en todo momento en, al menos, una biblioteca por cada grupo de cuatro sucursales.


Hasta hace poco, comentó el señor Pilgrim, la mayoría de la gente que venía a los talleres de currículums de la biblioteca buscaban trabajos poco cualificados. Ahora, la proporción de trabajadores cualificados en las clases ha aumentado.

“Cuando los bancos comenzaron a hundirse, vimos a algunas personas que habían estado trabajando durante mucho tiempo y que nunca habían tenido tiempo para escribir (sus) curriculums o trabajar sus habilidades en las entrevistas de trabajo”, comentó. La gente se vuelve cómoda y fundamentalmente sus curriculums nunca han sido actualizados”.


Mitch Baucus ha sido durante mucho tiempo un habitual de la sucursal Flushing de la biblioteca de Queens, pero últimamente ha pasado de ser un lugar de placer a su oficina virtual.


Cuando él trabajaba como investigador judicial para un abogado de Great Neck, el señor Baucus gastaba una mañana cada semana leyendo periódicos y revistas en la biblioteca. Desde que fue despedido en el pasado diciembre, él ha estado viniendo cinco o seis días a la semana para buscar en Internet ofertas de empleo.

Ha pasado varios meses buscando sin éxito, entonces descubrió algo que había pasado por alto.

“Me di cuenta de que había una persona que está aquí y su trabajo era ayudar a la gente con sus currículums y sus habilidades en entrevistas”, comentó. “Entonces acudí a él y le pedí ayuda”.


Al hilo de esto, me pregunto: ¿Realmente hay gente en nuestras bibliotecas públicas capacitadas para hacer estas funciones de asesoría laboral, que son tan necesarias en momentos críticos como el que vivimos? ¿Vosotr@s que opináis? Creo que para responder esta pregunta sería necesario, al menos, otro artículo. Un saludo cordial.


Nota1: enlace a la noticia original escrita por Joshua Brustein en la versión en línea de The New York Times (con fecha 25 de marzo de 2009).

miércoles, 25 de marzo de 2009

Cuando un comprador se echa para atrás

Esta noticia nos muestra la difícil situación en la que se encuentran actualmente muchos sistemas bibliotecarios municipales a la hora de hacer frente a sus necesidades de renovación, debido a los recortes en recursos económicos. Desde luego, estar sujeto a los vaivenes del negocio inmobiliario no es lo mejor. Posiblemente, el caso acuciante de Nueva York es sólo un ejemplo. Os dejo con la noticia. Un saludo cordial.

Dentro del Plan de renovación de la Red de bibliotecas públicas de Nueva York, era parte esencial la venta del antiguo edificio de la biblioteca Donnell, en el centro de Manhattan. En 2007, la empresa Orient-Express Hotels (a la que pertenece, por ejemplo, el Hotel Ritz, en Madrid) anunció que iba a comprar dicho inmueble por 59 millones de dólares. A comienzos de marzo ha decidido echarse a atrás en la compra y ha dicho que quiere renegociar el acuerdo, argumentando la crisis financiera global y el recorte del crédito para la construcción y para el desarrollo inmobiliario. El edificio Donnell, con cinco plantas, ubicado en West 53rd Street, iba a ser derruido para construir un hotel de 11 pisos, con la biblioteca en la primera planta y en el subsuelo.

La multinacional dijo que están planeando diferir o reestructurar el proyecto. Probablemente, la empresa es consciente de la ansiedad que crea entre las organizaciones culturales que tienen importantísimos compromisos en proyectos de capital tan vitales como éste. Las donaciones e ingresos se están reduciendo como consecuencia de la crisis económica.

Los líderes de estos grupos están observando con cautela la situación. “Dado el estado de la economía, es un riesgo que hay que correr”, dijo Reynold Levy, presidente del Lincoln Center. El señor Levy añadió que hasta ahora el Lincoln Center no ha tenido “una sola corporación que haya reducido o diferido un pago” en su esfuerzo de renovación.

La venta de 59 millones del “Donnell” iba hacia una mayor renovación a realizar por el arquitecto británico Norman Foster que transformaría la biblioteca principal en la Quinta Avenida en una biblioteca circulante. Se recibió siete millones de dólares de depósito procedente de Orient-Express en el proyecto Donnell, según una persona involucrada en el acuerdo, quien exigió el anonimato porque los términos del contrato son confidenciales; otros detalles permanecen sin revelar.

La Biblioteca Pública de Nueva York dijo a través de un portavoz que se ha planeado estudiar varias opciones para conseguir que Orient Express cumpla su compromiso.

Expertos legales hablan de que la biblioteca podría no tener más recurso que pedir daños y perjuicios pero sugieren que es improbable que recupere el total de los 59 millones del precio de compra.
Para pedir a alguien (un abogado) que realice algo, usted tiene que establecer en qué ha sido perjudicado”, afirma el abogado corporativo de Cleary Gottlieb en Nueva York. Para la biblioteca, estos daños deberían incluir factores como en qué medida el edificio Donnell ha perdido valor desde que Orient-Express acordó comprarlo en noviembre de 2007. Es más, la biblioteca todavía tiene que vender su sucursal de Mid-Manhattan, en el margen este de la Quinta Avenida con 40ft Street, cuya colección circulante va a ser absorbida por la biblioteca principal a través de la calle. Los beneficios de esa venta también de ir a parar a la renovación de Foster.

Sin embargo, dado el pésimo estado de la economía, la biblioteca puede que tenga que llegar a una solución de compromiso. Es decir, cuando hay problemas, el cliente siempre sale perdiendo. “En la actualidad, sucede con bastante frecuencia que las partes se reúnan y renegocien el acuerdo”, dijo Mr. Speling. “Interesa a todos hacer eso, porque los gastos judiciales son caros”.

La decisión de Orient-Express despertó las especulaciones sobre si el financiero de Wall Street Stephen A. Schwarzman haría buena su promesa de donación de 100 millones de dólares a la biblioteca anunciada en marzo de 2008, teniendo en cuenta los recientes reveses que ha sufrido su empresa, el Grupo Blackstone. Sin embargo Peter Rose, un portavoz de Blackstone, afirmó que la donación del señor Schwarzman “seguía adelante”, sin cambios.

La renovación de la biblioteca central es parte de un plan más ambicioso para actualizar todo el sistema mediante el incremento del número de sucursales, reforzando la dotación y creación de dos nuevas bibliotecas, en Upper Manhattan y en Staten Island.

Cuando Orient Express acordó comprar el edificio Donnell, una sucursal muy frecuentada y popular, hubo quienes opinaron que el proyecto era una combinación desafortunada de arte y comercio. Pero se dijo que el sistema bibliotecario tenía que elegir entre esa opción o trasladar la biblioteca Donnell, construida en 1955, ya que el edificio necesitaba urgentemente una renovación, estaba en malas condiciones.

El proyecto iba a tener 150 habitaciones de hotel, entre 750 y 2000 dólares por noche, y un restaurante en la planta superior. Cinco plantas estarían conectadas al Club “21” en West 52nd Street, también propiedad de Orient-Express. En principio, la construcción estaba programada que comenzase este año y terminase a comienzos de 2011.

Nota1: enlace a la noticia original escrita por Robin Pogrebin en la versión en línea de The New York Times (con fecha 3 de marzo de 2009).

Nota2: la imagen ha sido extraída de la siguiente dirección.

lunes, 27 de agosto de 2007

La Globalización en las bibliotecas y en la literatura

El desarrollo social y económico que se produce en los países desarrollados hace que se tambaleen y modifiquen continuamente sus valores y sus principios rectores. De ahí que la Globalización conlleve muchos factores positivos. Ya que una sociedad que cambia, se plantea de dónde viene y hacia dónde va y, en principio, tiende a analizar lo que está sucediendo y a ser crítica. Pero una Globalización mal dirigida, que se deje en manos únicamente del mercado y de la economía (como la actual Globalización neoliberal), que sólo beneficie a unos pocos países, entraña muchos aspectos perversos que hay que evitar a toda costa. Las sociedades subdesarrolladas tienen unos pilares que son mucho más difíciles de mover y la tradición tiene mucho peso. Es un deber de los países desarrollados ayudar a los países más desfavorecidos porque, en caso contrario, la sima existente entre ambos será cada vez mayor. La Globalización ha de disminuir las desigualdades, no incrementarlas.


El fenómeno de la globalización no es algo surgido en la actualidad, anteriorme ha “impregnado” a la economía o a la política, y ahora ha llegado a su culmen en el ámbito de la información gracias a Internet. Por lo dicho, la globalización no tiene únicamente connotaciones económicas, no hay más que observar la “inocente” invasión cultural del mundo anglosajón (de Estados Unidos fundamentalmente). De un modo pacífico, las fronteras políticas desaparecen y saber inglés se convierte en un imperativo. Si los artículos científicos o informativos no se escriben en inglés, pierden casi toda su potencial visibilidad. Este hecho ha tenido mucha más vehemencia que la que poseyó durante muchos siglos el latín. Y si el esperanto apenas ha sido considerado para ser la lengua internacional, no se puede interpretar como un hecho natural. Es de suponer que la política y la economía hayan tenido mucho que ver en la preeminencia absoluta del inglés.

En este mundo que habitamos, todo está interconectado, economía, política y cultura. Por ello, la información ya se ha convertido en un bien indispensable, y aunque de valor muy difícilmente mesurable, según la información que se posea, más o menos acertadas serán las decisiones que tomen las personas, en cualquier contexto de la vida. De ahí que las bibliotecas públicas deban cumplir un papel vital, especialmente para los sectores más desfavorecidos de las comunidades.

Dentro de ese rol crucial, también se encuentra la difícil tarea bibliotecaria de conformar los fondos. La dicotomía en las bibliotecas a la hora de configurar sus colecciones, entre los libros más vendidos y la literatura “elitista”, “minoritaria” (en este caso, es curioso ver estos dos adjetivos juntos) o, como yo diría, simplemente literatura de calidad, que lleva al lector mucho más allá del simple entretenimiento, que lo transporta a la reflexión, a la crítica, al conocimiento. Los bibliotecarios deben luchar por atraer a los lectores hacia ese otro tipo de literatura. No sé si se trata de una postura “moralista”, yo creo que únicamente es aplicar el sentido común en todo este marasmo alocado de mundo. Seguiré pensando que es mucho más beneficioso leer, por ejemplo, a Albert Camus que a Dan Brown (el caso más paradigmático de escritor de bestsellers de la época actual). Si leyendo a Dan Brown se llega a Camus, me parece perfecto, pero si el apetito lector del usuario se queda en los bestsellers, en mi opinión, creo que los bibliotecarios habremos perdido buena parte de la “batalla literaria”. (¿Qué pensáis a este respecto?).


Yo suelo decir que “siempre nos quedarán los clásicos” (y son tantísimos y tan buenos), pero no es menos cierto que para que se siga creando buena literatura, es necesario hacer frente a las grandes editoriales y a su literatura comercial y prefabricada, mediante la promoción de los escritores locales y regionales. Y esto es una labor que han de liderar los gobiernos de los diferentes países.

La globalización, en esencia, debería significar mestizaje, algo que es natural y beneficioso. Pero la actual globalización está revestida de una agresividad tal que se convierte en colonialismo cultural de los países desarrollados (especialmente del mundo anglosajón) que no enriquece, sino que empobrece, ya que se lleva por delante las tradiciones y las raíces culturales de siglos en muy pocos años. Hay que impulsar lo que Enrique Ramos Curd denomina “bibliodiversidad”, una oferta literaria plural y diversa, que no aliene a la población sino que la haga interesarse por temáticas variadas que la acerquen a realidades ajenas a su vivir cotidiano.


Por otro lado, fuera ya del mundo editorial, es interesante (aunque previsible) el daño que está haciendo la televisión a los hábitos lectores. Al igual que en España, en Chile (y supongo que también en otros países de América Latina) se encuentra “imantada” por los programas de la prensa rosa, roja, amarilla o del color que se le quiera poner, en fin, por los chismorreos, vaivenes y devenires de la gente “famosa”. No debe andar muy bien este planeta si la mayoría de la gente prefiere interesarse por mundos paralelos y vidas ajenas antes que por lo que la realidad que le rodea. Desde luego es mucho menos cansado y pertubador ver durante una hora un programa del corazón (yo lo denominaría más bien de la casquería humana) que reflexionar durante diez minutos acerca de cómo hacer para que este planeta vaya mejor. No lo digo con sorna, sino con mucha pena.


Siguiendo con la cuestión editorial, Carlos Monsiváis reseña que, “se busca complacer de modo primordial al lector posible o real, superficial en extremo, descuidado...”. Y como dice el mismo autor, sólo las “personas que se han educado en la cultura de la lectura y de la escritura” (que son una minoría en constante decrecimiento) tienen capacidad para seleccionar con criterio las fuentes, e informarse bien. Únicamente estas personas son las que podrán sacar verdadero provecho a las nuevas tecnologías. Desde hace mucho tiempo ya se viene apuntando que, en los países desarrollados especialemente, no existe analfabetos, sino analfabetos funcionales. Y en un mundo con tal avalancha de información, no entender el contenido de los textos es similiar a no saber descifrar el código de escritura. En esta situación, siempre será mucho más cómodo ver un programa de televisión sensacionalista y de lenguas viperinas, a leer cualquier libro (dejando a un lado mayores o menores niveles de dificultad en la comprensión).

Tengo la sensación de que la sociedad actual está desaprovechando una oportunidad histórica. Hace no tantas décadas el acceso a la cultura era un auténtico lujo para la mayoría de la población. Ahora que prácticamente todos podemos acceder ella (en los países desarrollados), se la deja a un lado o, incluso, se la desprecia. Triste paradoja, pero creo que es un hecho. Hay que hacer todo lo posible y un poco más para revertir este estado de las cosas.


Por otro lado, no cabe duda de que las coordenadas del contexto bibliotecario en España respecto a América Latina son totalmente diferentes. Ni mucho menos nuestro país disfruta de una realidad idílica, pero basta con decir que España (datos de 2000, ya ha pasado más de un lustro) tiene una biblioteca por cada 9000 habitantes, mientras que Chile (datos más actualizados) posee una biblioteca por cada 40000 habitantes. En Sudamérica el problema más acuciante radica en la escasez de servicios bibliotecarios para la población.


Otra cuestión íntimamente vinculada con la globalización es el fenómeno de la emigración desde los países más deprimidos (ya sea por guerras, depresión económica, etc.) hacia países más desarrollados. Aparece la figura del emigrante, que suele vivir en la marginalidad. Para terminar o, al menos, paliar esta situación, las bibliotecas públicas tienen que mostrarse como instituciones abiertas que, a partir de la cultura, ofrecen una integración en la sociedad que les acoge, preservando el derecho de mantener su propia identidad cultural. Se trata de una problemática complicada, ya que la globalización capitalista sigue otro modelo, la integración mediante la absorción y la uniformidad cultural. En Francia, por ejemplo, no ha demostrado ser el sistema adecuado, ya que ha provocado más marginación. Creo que el pluralismo es lo deseable y nos enriquece, siempre que se respete el ordenamiento jurídico básico del país de acogida. Desde luego, es mucho más fácil decirlo por escrito que llevarlo a cabo, pero ese debiera ser el camino.


A la hora de hablar de la biblioteca como elemento de inclusión social, abarcando a todas las capas de la sociedad, siempre me queda la duda de que sea un factor tan crucial por sí solo. Creo que se le atribuye una responsabilidad excesiva a la biblioteca pública, metas ideales que es casi imposible que logre. Y, precisamente, esa falta de cumplimiento es la que, a posteriori, nos hace deprimirnos a todos los que amamos el mundo de las bibliotecas. En mi opinión, sin un buen sistema educativo, con el que conjuntarse y coordinarse, sus potencialidades quedan cortadas prácticamente de raíz, con lo que sólo puede “tapar parches”, pero nunca cumplir todo su cometido social. Además, en general, las bibliotecas públicas tienen un apoyo ínfimo de las administraciones de las que depende, por lo que no podemos pretender que lideren el cambio hacia una sociedad más justa que reduzca la brecha social.

Los gobiernos han de facilitar los recursos necesarios a la biblioteca pública para que ésta haga efectivos los siguientes derechos de los ciudadanos (Assumpta Bailac):

  • Derecho a la accesibilidad (a las nuevas tecnologías).

  • Derecho a la formación (respecto de los servicios que ofrece la biblioteca).

  • Derecho a la información.

  • Derecho a la participación (fomento de la democracia participativa en el entorno digital).


Todo ello, junto a un buen marketing bibliotecario, ayudará a acrecentar los vínculos con la comunidad a la que sirve la biblioteca pública. Como ya se lleva practicando desde hace unos años, no sólo una vinculación con el espacio físico, donde interrelacionarse con otros usuarios, sino también a través del espacio digital (página web de la biblioteca, foros, clubes de lectura virtuales, etc.). Sin olvidar las redes de trabajo virtual que se pueden emprender a través de Internet y que ayudan a salvar distancias físicas que las pobres infraestructuras de muchos países no permiten superar con facilidad.


Por otro lado, cuando se habla de la “panacea de Internet” (por decirlo de algún modo), tengo la impresión de que seguimos maravillándonos ante sus posibilidades potenciales. Si no fuera por Internet, este texto que estoy escribiendo no podría ser leído por cualquier persona de este planeta, esté donde esté. Pero creo que para lograr que la gente se interese realmente por la lectura habría que, precisamente, llamar la atención sobre la riqueza de la misma que se manifiesta ejemplarmente en los libros de papel. Porque los libros son el origen de todo lo demás que ha llegado después. Y para leer “sólo” es necesario comprender el contenido. Considero que primero habría de darse una “enseñanza analógica” sobre cómo encontrar los recursos para hacer los ejercicios del colegio, por ejemplo. Y luego, una vez afianzado lo anterior, entrar de lleno en el mundo digital. Posiblemente influya en mi modo de pensar que ésa haya sido la manera de relacionarme con la cultura escrita.


Por último, otro aspecto en el que la globalización influye decisivamente es en la formación del bibliotecario. Su perfil básico, dadas las numerosas competencias que se le exigen actualmente, podría resumirse en aprendizaje continuo, trabajo dirigido a la excelencia en el servicio e integración completa en el proyecto de la biblioteca pública en la que labora. Sin olvidar, por supuesto, su flexibilidad, adaptabilidad al entorno cambiante y su papel de intermediario entre la información y el usuario, debido a la enorme cantidad de datos existentes y la escasa fiabilidad de muchas de las fuentes (el paradigma de ellos es Internet).

La globalización es un reto impresionante, probablemente el más complejo al que nunca antes se haya enfrentado la profesión bibliotecaria, pero ofrece una gran cantidad de posibilidades que merecen ser aprovechadas, y que rendundarán positivamente en la sociedad. Nos equivocaremos repetidas veces. Sin embargo, normalmente, sólo de errores se aprende y seguro que en poco tiempo encontraremos el modo correcto de afrontar la nueva situación.


Un saludo cordial.


Bibliografía:

-ALLENDEZ SULLIVAN, Patricia Mónica. “Sobre las bibliotecas, los bibliotecarios y la globalización”.

-BAILAC PUIGDELLÍVOL, Assumpta. “Los usuarios y los profesionales de la biblioteca pública en el nuevo entorno de la sociedad de la información”.

-RAMOS CURD, Enrique. “Globalización y bibliotecas públicas”.