jueves, 11 de junio de 2009

Reflexiones sobre el arte perdido de la lectura en voz alta

Los estilos de vida y la manera de ver el mundo cambian, en buena medida, al paso que lo hacen la economía y la tecnología. Normalmente, no somos conscientes de estos cambios se producen, ni tampoco de las relevantes transformaciones que conllevan. Sólo cuando nos paramos un poco y echamos la vista atrás, nos percatamos de lo mucho que han variado las cosas. Artículos como el que aquí traduzco nos muestran esta realidad en el ámbito concreto de la lectura. No sólo es una cuestión de nostalgia. También, como afirma el autor, se pierden muchos elementos valiosos que es casi imposible que se recuperen, dado el ritmo de vida que llevamos en la actual sociedad. Desde luego, no está demás llamar la atención sobre estos aspectos. Os dejo con el artículo. Espero que os guste. Un saludo cordial.

"A veces, la mejor manera de comprender el presente es buscar en el pasado. Pensemos en los audio-libros. En estos días, un gran número de estadounidenses leen a través de grabaciones (escuchando en voz alta, así lo llamo yo). La tecnología para conseguir esto es diversa y está generalizada y, con ello, los lugares donde la gente puede escuchar audio-libros. Pero desde la perspectiva de un lector, por ejemplo, de principios del siglo XIX (por la época de Jane Austen) hay algo peculiar en torno a ello, algo incluso único.

En aquellos días, las familias y amigos alfabetizados leían en voz alta a sus convecinos de manera habitual. Los libros seguían siendo relativamente escasos y caros, y las cotidianos entretenimientos electrónicos que nosotros tenemos eran, por supuesto, inexistentes.

Si hubieses crecido escuchando a los adultos leyéndose en voz alta normalmente unos a otros, la idea de las personas solitarias del siglo XXI escuchando los libros a través de auriculares o de las radios de los coches sería desoladora. Parecería también que ellos estarían sólo preparados para escuchar los libros y no para leer en voz alta.

Esto es parte de un modelo. En vez de hacer la música en casa, nosotros escuchamos grabaciones de músicos profesionales. Cuando la gente habla de los libros que han escuchado, a menudo hablan de la calidad de los narradores, que normalmente son profesionales. La manera en que nosotros escuchamos los libros ha sido “desocializada”, sacada de contexto, teniendo la única virtud de ser extremadamente cómoda.

Pero escuchar en voz alta, lo cual tiene valor en sí mismo, no es igual que leer en voz alta. Ambas cosas necesitan de una buena dosis de atención. Así mismo, son un buen modo de aprender una cosa tan importante como son los ritmos del lenguaje. Pero una de las más básicas pruebas de comprensión se encuentra a la hora pedir a alguien que lea un libro en voz alta. Ello muestra más allá de si un lector entiende las palabras. Revela cuán dentro de las palabras es capaz de meterse el lector.

Leer en voz alta recupera la materialidad de las palabras. Leer con tus pulmones y tu diafragma, con tu lengua y tus labios, es muy diferente que leer con tus ojos solamente. El lenguaje se convierte en una parte del cuerpo, contiene una curiosa ternura, una cualidad casi erótica en esas escenas literarias de los siglos XVIII y XIX, donde un libro es libro es leído en compañía. Las palabras no son meras palabras. Son el aliento y la mente, quizá incluso el alma de la persona que está leyendo.

Nadie entiende mejor esto que Jane Austen. Uno de los últimos momentos cruciales de “Mansfield Park” llega cuando Henry Crawford toma un volumen de Shakespeare “que tenia aspecto de haber estado hace poco tiempo cerrado”, y comienza a leer en voz alta al joven Bertrams y a su prima, Fanny Price. Fanny descubre en la lectura de Crawford “ una variedad de excelencias más allá de lo que ella había encontrado. Y aún su capacidad de hacer cada parte “con igual belleza” es un signo claro para nosotros, si no totalmente para Fanny, de su superficialidad.

Yo leo en voz alta a mis aprendices de escritores y cuando los estudiantes me leen en voz alta, noto algo extraño. Ellos son inteligentes y cultos, y la mayoría tenían padres que les leían cuando eran niños. Pero cuando los estudiantes leen en voz alta, me doy cuenta de que intentan leer el significado de las palabras. Si el trabajo es de ellos, normalmente intentan leer la intención del escritor.

Es como si ellos estuviesen observando cómo las palabras representan bastante más que las palabras en sí mismas. Es como si se perdiese la voz interior de la prosa, la vida del lenguaje. En un principio, esto también se refleja en sus escritos.

En un campo, la poesía, la lectura en voz alta nunca ha muerto realmente. Tomo el nuevo libro de Robert Pinsky, “Placeres esenciales: una nueva antología de poemas para leer en voz alta”. Pero sospecho que no hay vuelta atrás. Puedes construir fácilmente el razonamiento de que la lectura en silencio es un producto rentable, un signo de la nueva prosperidad iniciada al comenzar el siglo XIX y abaratarse el precio de los libros. El mismo argumento puede aplicarse a escuchar libros en tu iPhone. Pero lo que yo te sugeriría es que nuestra idea de la lectura es incompleta, empobrecida, a menos de que también consigamos tiempo para leer en voz alta.

Nota1: enlace con el artículo de opinión original, aparecido el 16 de mayo en la versión en línea de “The New York Times”, escrito por Verlyn Klinkenborg.
Nota2: artículo encontrado gracias al portal LISNews.

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