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jueves, 23 de octubre de 2008

Sarah Palin y su polémica relación con las bibliotecas

Me ha resultado curioso comprobar que parte de mis últimas entradas (incluido este texto) las he dedicado al pernicioso y nocivo acto de la censura, concretamente en las bibliotecas. Quizá pudiera parecer algo pensado de antemano, mas no es así.


En este caso, se halla relacionado con Sarah Palin, la mediática candidata republicana a la vicepresidencia de los Estados Unidos. De ideología cristiana profundamente conservadora, miembro de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y con unos conocimientos de política exterior bastante exiguos. En mi opinión, es para inquietarse que pueda tomar el poder de la superpotencia mundial(como vicepresidenta y es posible que en el futuro como candidata a la presidencia) una persona que teme por la seguridad de Alaska debido a la cercanía geográfica de Rusia. O que no dude en lanzarse a un conflicto bélico con Rusia o a una 2ª Guerra Fría por la invasión militar de Rusia sobre Georgia (lo que no quiere decir que condene la soberbia y las barbaridades que Rusia está cometiendo en el Cáucaso).


Dejando a un lado estas cuestiones nada baladíes, voy a pasar a un tema directamente relacionado con las bibliotecas. El artículo que hoy traduzco se refiere a su período de alcaldesa en la localidad de Wasilla, y a la costumbre nada edificante de Sarah Palin de tratar de censurar la entrada en la biblioteca de la ciudad de todos aquellos libros que no le gustasen o no entrasen dentro de sus parámetros morales. Como decía George Smith acerca de Joan Karkos (en mi escrito de 2 de octubre), Sarah Palin tampoco es “madre de la comunidad ni es ese su cometido”. Ojalá que en lo sucesivo no siga con esas temibles “costumbres”. Espero que el artículo os resulte interesante. Un saludo cordial.


Palin presionó a la bibliotecaria de Wasilla


Retrocediendo a 1996, cuando Palin logró por primera vez ser alcaldesa, preguntó a la bibliotecaria de la ciudad si estaría de acuerdo en censurar libros de la biblioteca, debiendo pedirle permiso antes de tomar cualquier decisión.


Según la cobertura informativa de aquel momento, la bibliotecaria dijo que, desde luego, no estaba acuerdo con tal proposición. Varios meses más tarde, la bibliotecaria, Mary Ellen Emmons, recibió una carta de Palin diciéndole que iba a ser despedida. La cuestión de la censura no fue mencionada como la razón del despido. El escrito simplemente argumentaba que la nueva alcaldesa percibía que Emmons no la estaba ayudando en todo lo que podía, por lo que tenía que irse.


Emmons había sido la bibliotecaria de la ciudad durante siete años y era muy querida. Tras una oleada de apoyo de la ciudadanía, Palin cedió y permitió que Emmons conservase su trabajo.


Esto ocurrió hace doce años y la controversia desapareció durante mucho tiempo entre los mohosos archivos. Hasta esta semana. Bajo un intenso examen nacional, la cuestión ha regresado para perseguirla. Ha sido mencionada en nuevas informaciones en Time Magazine y en The New York Times y se expandido como un virus a través de la blogosfera.

Todas las historias son sugerentes, pero estos hechos son suficientemente graves como para no dejarlos pasar. ¿Realmente Palin prohibió libros en la Biblioteca Pública de Wasilla?


Enfrentamiento con Palin


En diciembre de 1996, Emmons contó al periódico local, “The Frontiersman”, que Palin le preguntó tres veces –comenzando antes de que hubiese jurado el cargo- sobre la posibilidad de retirar libros censurables de la biblioteca si la necesidad lo exigía.


Emmons dijo a The Frontiersman que rechazaba rotundamente considerar cualquier tipo de censura. Emmons, ahora Mary Ellen Baker, está disfrutando de su descanso, en su actual trabajo en Fairbanks, y no ha devuelto ningún correo electrónico ni mensaje telefónico en su miércoles.


La situación se dio por segunda vez en octubre de 1996, durante una sesión del Consejo municipal y Anna Kilkenny, una ama de casa que a menudo asistía a las sesiones, estaba allí. Como muchos ciudadanos de Alaska, Kilkenny habla de la gobernadora por su primer nombre.


“Sarah dijo a Mary Ellen, ´¿Cuál sería su respuesta si yo le pidiera eliminar algunos libros de la colección?´”

“Yo estaba escandalizada. Mary Ellen se puso en pie y dijo algo en la línea de ´Los libros de la colección de la Biblioteca de Wasilla fueron seleccionados según los criterios de selección nacional para bibliotecas de este tamaño, y me resistiría con todas mis fuerzas a prohibir libros´”.

Palin no mencionó títulos concretos de libros en esa reunión, afirmó Kilkenny.


Test de lealtad


¿Fueron prohibidos algunos libros censurados (por Palin)? June Pinell-Stephens, presidenta desde 1984 del Comité de Libertad Intelectual de la Asociación Bibliotecaria de Alaska comprobó sus archivos el miércoles y no encontró nada.

Pinell-Stephens tampoco recuerda ninguna conversación telefónica con Emmons sobre la cuestión anterior. Emmons era presidenta de la Asociación Bibliotecaria de Alaska en aquel tiempo. Los libros no pudieron ser retirados de las estanterías de la biblioteca, pero hubo otras repercusiones para Emmons.


Cuatro días antes de que se renovasen los cargos políticos del ayuntamiento, Emmons recibió una carta de Palin pidiéndole su dimisión. Misivas similares les llegaron al jefe de policía Irl Stambaugh, al director de obras públicas Jack Felton y al director de gestión económica Duane Dvorak. John Cooper, un quinto director, dimitió después de que Palin suprimiese su trabajo de supervisión del museo de la ciudad.


Palin contó al Daily News que las cartas eran simplemente un test de lealtad al volver al cargo de alcaldesa, que logró tras vencer a John Stein en una elección muy reñida. Stein había “comprado” a muchos de los jefes de los departamentos. Tanto Emmons como Stambaugh le apoyaron públicamente, en contra de Palin.


Emmons sobrevivió al test de lealtad y, por segunda vez, fue readmitida unos meses más tarde. En agosto de 1999, ella dimitió , dos meses antes de que Palin fuese elegida para un segundo mandato de alcaldesa.


Palin puede haber llegado a ser un personaje célebre en la última semana pero Kilkenny, que no es partidaria de Palin, está haciendo su pequeño camino hacia la fama en Internet. A principios de esta semana, envió un correo electrónico a amigos y familia para que respondiesen, desde su punto de vista, a la pregunta que los foráneos están realizando a cualquier persona de Alaska que conocen: ¿Quién es esta Sarah Palin?


El mensaje electrónico de Kilkenny logró una gran relevancia a través del ciberespacio y terminó en blogs de noticias. Ahora la madre y ama de casa de la pequeña ciudad de Wasilla está programando entrevistas con medios de noticias nacionales y ha logrado que su nombre aparezca en la portada de The New York Times, incluso siendo mal deletreado.


Nota1: el enlace al texto original, publicado en el periódico electrónico Anchorage Daily News (ADN), escrito por Rindi White, con fecha de 4 de septiembre del presente año.

Nota2: la imagen ha sido extraída de El País.com

jueves, 2 de octubre de 2008

Las palabras no son peligrosas, el fanatismo y la censura sí

Aquí traduzco una provechosa reflexión sobre la censura, a raíz de una noticia que ha tenido lugar en Estados Unidos. Hay afirmaciones que pueden parecer de Perogrullo, pero no está de más recordar algunos aspectos que deben quedar claros. La libertad no es negociable. Y nadie debe tener la potestad de decidir qué es bueno y qué es malo leer. Desgraciadamente, la censura sigue siendo un tema de actualidad (aunque, al aparecer esta palabra, enseguida pensemos en la Inquisición), un hecho ante al que hay que luchar con todas nuestras fuerzas, más aún en las bibliotecas.

Espero que el texto os resulte interesante. Un saludo cordial.

Los palos y las piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca pueden herirme.


"Joan Karkos no está de acuerdo. Karkos rechaza devolver un libro sobre sexualidad a la Lewiston Public Library.

La mañana del pasado miércoles, Karkos estaba en el Tribunal del Distrito para defender lo que ella misma ha denominado “desobediencia civil”.

El juez Valerie Stanfill no estaba dispuesto a permitirlo, y amenazó a Karkos con pena de cárcel y una multa de 100 de dólares, a raíz de un largo enfrentamiento en la sala del tribunal después de que Stanfill preguntase a Karkos si ella tenía el libro.


Según la relación de hechos aportada por Christopher Williams en el periódico Lewiston Sun, Karkos contestó “lo tengo bajo mi posesión”.

Presionado por el juez, Karkos insistió en su respuesta.

Finalmente, el juez instó a Karkos a “devolver el libro a su sitio ahora”.

Stanfill desalojó la sala e informó a Karkos de que permanecería allí sentada hasta que retornase el libro.

Karkos acreditó una cosa: es terca. Manteniendo su posición y el libro, revasó la paciencia del juez, que regresó después del almuerzo para dar a Karkos plazo hasta las cuatro de la tarde para devolver el libro o sufrir la multa.

La desacertada Karkos se quedó con el libro de 21 dólares, teniendo que pagar 100 dólares de sanción por desobediencia. Quizá consideró que era un buen trato. Karkos cree que el libro es “peligroso”.


Si considera peligrosas las palabras, quizá usted debería dejar de leer este artículo ahora mismo. El libro “Es perfectamente normal: la transformación de los cuerpos, el crecimiento, el sexo y la salud sexual”, escrito por Robie Harris y publicado en 1993 (fíjese bien, “una aproximación lingüística peligrosa”), caracterizado con dibujos animados de gente desnuda en los capítulos sobre temas de sexualidad. Ha tenido el visto bueno de Maternidad Planificada y ha sido criticado por grupos conservadores, traducido a 21 idiomas y vendido en 25 países.

Incluso Karkos, en este caso, no ha tomado el camino correcto. Ha sacado los pies fuera del tiesto.


La censura nunca es buena. Sí, es cierto que hay palabras odiosas que nuestra sociedad sigue tratando de suprimir. Pero estas palabras no tienen por qué herirnos si comprendemos que ellas simplemente reflejan la ignorancia y los prejuicios de la persona que las dice.

Me siento avergonzado cuando escucho a un padre regañar a un niño pequeño con palabras enojadas inapropiadas, pero sé que los problemas de esos padres y del niño van mucho más lejos de las palabras que utilicen. Normalmente, es inútil intervenir, más allá de lanzar una mirada de desaprobación.

Por favor, no me malinterpreten. Creo firmemente que los padres deben censurar lo que sus hijos leen, ven y experimentan. De hecho, en la sociedad liberal actual, esto es esencial para el mantenimiento de unos valores saludables y de la moralidad.

Pero Karkos no es madre de la comunidad, ni ese es su cometido.

Me entristece saber que muchos niños de hoy están expuestos a la violencia y a materiales inapropiados en los videojuegos, en los programas de televisión y, sí, también en los libros.

La vulgaridad de nuestra sociedad es digna de preocupación e, incluso, de tomar cartas en el asunto. Es tarea de nosotros como comunidad la atención cuidadosa de la gente para tomar medidas conjuntamente, especialmente en defensa de nuestros hijos.


Pero no voy a permitir que se comience a robar los libros de la biblioteca (con dicho propósito). Como presidente de los socios de la Mount Vernon´s Dr. Shaw Memorial Library, sería negligente si no me opusiese a ello.

La ignorancia no es la respuesta. Sé que muchos de mis amigos conservadores se oponen a la educación sexual en la escuela. Ellos están equivocados. Dicha educación funciona, sobre todo cuando se imparte la información en la edad adecuada por profesores apropiados.

A menudo me pregunto cómo puedo soportar el ridículo y la crítica que conlleva estar a la vista de la opinión pública como defensor de los deportistas. Pero representan sólo un montón de palabras y éstas apenas me molestan.

Treinta años en la arena política endurecieron mi piel y me enseñaron a dejar pasar todo, a menudo convertido en algo divertido. La risa es siempre mejor que las lágrimas.

Y reír fue mi primera reacción al lío de Karkos, especialmente cuando supe que la Lewiston Library recibió ocho copias del libro de personas que leyeron lo sucedido. Indudablemente, Karkos ha aumentado la circulación del libro.


Sobre la reflexión, me pregunto por qué mis hermanos conservadores se sienten tan molestos por las palabras, hasta el punto de recurrir a la censura y robar libros de una biblioteca.

Hemos de defender todas las opiniones y condenar la censura, sobre todo la censura procedente de una fanática como Karkos que cree que sabe mejor que su comunidad qué es aceptable leer.

Las palabras no son peligrosas. El fanatismo y la censura sí son peligrosos.

Karkos robó el libro y, simplemente con eso, consiguió una multa de 100 dólares y probablemente aumentar sustancialmente la lectura de dicho ejemplar.

¿No es realmente divertido?


George Smith es el director ejecutivo de la Sportman´s Alliance de Maine. Vive en Mount Vernon y se puede contactar con él a través de george@samcef.org".


Nota1: enlace al artículo de George Smith, aparecido el 9 de septiembre en la versión en línea de Kennebec Journal Morning Sentinel.


Nota2: la imagen ha sido extraída de esta dirección.