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martes, 8 de abril de 2008

"Homo videns", de Giovanni Sartori (II-II)

-Sartori radiografía perfectamente, en apenas una página, la pobreza de los informativos actuales (y eso que este libro se escribió en 1997). Además, los telediarios sólo ofrecen lo visible; no informan del contexto, de las causas y de las consecuencias de la noticia (es decir, de lo conceptual).

Hay algo que, en todo caso, debe quedar manifiesto: de la ínfima calidad de los telediarios (y de la tv, en general) no es responsable el espectador, sino el productor de la televisión, ya que él produce al consumidor qué quiere ver.

Es muy complicado encontrar un remedio para mejorar la información política. Pero, desde luego, no parece ser la solución un aumento de la competencia entre canales privados. Estados Unidos nunca ha tenido televisión estatal y, sin embargo, los informativos que pueden ver sus ciudadanos son de una calidad deplorable, da igual el canal que se ponga.


Sartori también habla acertadamente del falseamiento de las estadísticas. Los sondeos no suelen mostrar la opinión de los ciudadanos, ni siquiera de las cuestiones que conocen realmente. Por no hablar de la enorme influencia que tiene sobre los sondeos la formulación de un modo u otro de las preguntas. Y si las cuestiones son complicadas, mucho más varían los resultados.

Por tanto, los sondeos no son para nada fiables. En cambio, los políticos son sondeo-dependientes.

La clave de los déficits de estas investigaciones está en que el encuestador, generalmente, no se preocupa por averiguar qué nivel de conocimientos tiene el entrevistado sobre materia en cuestión.

Aparte, es destacable el crecimiento meteórico que está teniendo el fenómeno de los pseudo-acontecimientos. Y huelga decir la preferencia que hay por la agresividad y la violencia.

Como decía al principio del resumen, la pérdida de la capacidad de abstracción supone un empobrecimiento, ya que lleva a desposeer a la persona de la aptitud para distinguir entre lo verdadero y lo falso.

Y como también he mencionado anteriormente, la imagen no contextualiza. De ahí que las mentiras se vendan mejor mediante imágenes. Lo que se ve no siempre se corresponde con lo que es. La capacidad de impronta de la imagen sobre el espectador es muy grande.

Por último, se da un fenómeno bastante contradictorio: a pesar de que la globalización tiende a homogeneizar los gustos, las modas, las ambiciones, etc., la televisión favorece el localismo (en mi opinión, buena parte de la razón se encuentra en el dinero: es mucho más sencillo y económico llenar los telediarios de noticias de sucesos, que cubrir noticias de real interés internacional, como “los conflictos olvidados”).


-La influencia de la televisión en la política es difícil de medir. En todo caso, es claro que tiene un gran peso. Que sea mayor o menor depende del poder que tengan (o no tengan) los periódicos y los partidos políticos. También hay que tener muy en cuenta de si se trata de un sistema presidencialista o de un sistema parlamentario.

Por otro lado, como es lógico, la imagen del candidato es fundamental. Debe “llenar la cámara” y tener un lenguaje muy ambiguo. Ello hace que mucha gente pueda encontrarse en posibilidad de votarle. No se eligen proyectos políticos, sino a personas.

Los candidatos, aunque siguen dependiendo de los partidos políticos, cada vez están más video-mediatizados, y vinculados a noticias mediáticas, no a sucesos realmente importantes. Esas noticias mediáticas atacan a la parte emotiva del espectador, haciendo que se apasione por ellos; pero no se provoca la búsqueda de la reflexión (podría decirse que lo que se busca es la gresca). La pasión le gana el partido a la racionalidad.


-Sartori hace una distinción muy útil: dentro del sistema democrático, por un lado está la titularidad del poder; por otro lado, la capacidad de ejercicio del mismo.

Se trata de una precisión clave, ya que a más capacidad de poder, es necesario que el pueblo sepa más de los asuntos públicos.

De manera que para una democracia más participativa se necesita de una población interesada por la política y que, por tanto, se informe de ella. En fin, una población con capacidad de resolver los problemas políticos. Sin embargo, la sociedad del momento se encuentra muy lejos de este requisito básico: la inmensa mayoría de la gente no tiene interés alguno por la política. Esto nos lleva a la preguntar: ¿tendremos que conformarnos con esta democracia representativa actual?

Desde luego, el deterioro creciente de la educación y la vacía información que suele ofrecer la televisión no ayuda para nada a potenciar la capacidad política de decidir del ser humano.

Ciertamente, el mundo y sus cuestiones se están volviendo más complejos. Y, al mismo tiempo, de nuestra sociedad de video-niños van a surgir adultos de mentes más simplificadas.

Se corre el gravísimo riesgo de dirigirnos hacia un “Gran Hermano tecnológico” (el autor alude a la obra “The machine stops” del escritor inglés Edward Morgan Forster), que está gobernado de forma totalitaria por unas pequeñas élites dotadas de instrucción y de poder.


-Como afirma Sartori, una informatización mayor no conlleva, ni mucho menos, una mayor libertad ni una mayor capacidad de elegir. Un exceso de información, como de hecho se puede constatar en la Web, conduce al rechazo de la información si no hay capacidad racional de elegir.

En este sentido, el politólogo italiano nos describe un mundo casi apocalíptico pero que, realmente, no se aleja mucho de la realidad actual. Un mundo rebasado por el avance tecnológico que está haciendo que la sociedad sea cada vez más crédula. Probablemente, la prueba más fehaciente de ello es la proliferación de videntes, curanderos, sectas, etc.

El autor italiano considera que el mundo de Internet conecta a los hasta entonces dispersos hombres iletrados, formando grandes masas que potencian la ignorancia. En su mayoría, el homo sapiens se ha convertido en un “homo communicans” de lo vacío, del pensamiento insípido. De hecho, afirma literalmente: “la ignorancia se ha convertido casi en una virtud”.


-A pesar de este panorama tan desolador (no puede calificarse de otro modo), Sartori cree que existe una salida para que nuestra sociedad mejore y se regenere: “...el regreso de la incapacidad de pensar al pensamiento...no tendrá lugar si no sabemos defender a ultranza la lectura, el libro y, en una palabra, la cultura escrita”. No puedo más que compartir su enorme confianza en el papel redentor que puede cumplir la lectura. Desde luego, un excelente motivo para ser bibliotecario.

El autor defiende que la reacción a esta anomia de los jóvenes ha de venir con la escuela y en la escuela, dejando la informática como un adiestramiento técnico (algo que debería quedar bien asentado, Internet y los ordenadores son un medio, nunca deben ser el fin), y dando protagonismo a la cultura escrita.


Muchas reflexiones de G. Sartori pueden ser polémicas pero considero que, en general, tiene razón sobre el mal uso que estamos haciendo de los medios de comunicación (especialmente televisión e Internet), incitados y fomentados por intereses únicamente económicos, al socaire de un capitalismo y un consumismo desatados. Quizá, este sea un buen momento (como otro cualquiera) para pensar qué está ocurriendo: ¿hacemos lo que queremos o lo que determinados poderes económicos y fácticos quieren? ¿conducimos nuestra vida por dónde deseamos o nos dejamos llevar por lo que agentes ajenos desean? Es posible que todo esto suene muy existencialista, pero creo que es algo esencial. Nosotros, cada uno individualmente, debemos tomar la iniciativa, decidir qué democracia queremos y ser críticos con el mundo que nos rodea, construirnos un criterio propio. Como dice Alberto Manguel, no cabe duda de que leer se ha convertido en un acto de rebeldía. Leamos.


Un saludo cordial.


Nota1: utilizo el género masculino de forma genérica para facilitar la lectura, por lo que los sustantivos en forma masculina hacen referencia a personas de ambos sexos.

Nota2: enlace a la biografía de Giovanni Sartori, tomado de la Fundación Príncipe de Asturias. Os recomiendo también a leer o a escuchar el discurso que realizó en la toma del Premio en 2005, en la misma página web. Como siempre, una invitación a reflexionar.

Nota3: divido la entrada en dos partes para que su lectura resulte más fácil.

lunes, 7 de abril de 2008

"Homo videns", de Giovanni Sartori (I-II)

Esta breve pero muy sustanciosa obra del célebre politólogo italiano Giovanni Sartori, nos vuelve a llamar la atención sobre la recurrente y crucial materia de escoger bien “las fuentes de donde se beben” (más aún en el caso de los bibliotecarios, documentalistas y archiveros). Pero traslada esta cuestión al nivel más trascendente para una sociedad: cómo ha de formarse y regenerarse, claro está, a través de los niños, que en el futuro serán ciudadanos. Y nos dice que de un buen nivel de instrucción y de capacidad crítica depende que tengamos una democracia viva y activa, o una democracia pasiva, lánguida y, por tanto, fácilmente manipulable.

Mi intención es realizar una sinopsis, detallada en algunos aspectos que considero especialmente relevantes, pero sin llegar a ser exhaustivo. Desde luego, no pretendo que este resumen sea un sustitutivo de esta obra. La recomiendo encarecidamente por sus ideas reveladoras y acertadas, en mi opinión. A la vez que sugiero que la lectura sea reposada (sin leer demasiadas páginas de un tirón) y reflexiva, por la complejidad que entrañan algunos conceptos expuestos y su articulación. Ya que todas las piezas acaban encajando.

El libro va planteando y desarrollando una serie de interrogantes (a algunos de ellos da respuesta el autor) que se nos presentan de un modo inquietante, nada tranquilizador. Y obviar la problemática no es una opción, a riesgo de que dejemos que la sociedad en su conjunto sea fácilmente instrumentalizada por los órganos de poder y por los medios de comunicación.

-En un primer término, se hace una introducción en la que se plantea el tema principal del libro: la transformación sufrida por el hombre en las últimas décadas, pasando de ser un “homo-simbólico” a un “homo videns”.

El hombre es un animal simbólico gracias a que dispone del lenguaje de la palabra. Éste le permite hablar de sí mismo, por lo que no sólo comunica, sino que también piensa.
Los libros, debido a la invención de la imprenta, transforman la cultura oral en cultura escrita. Y se desarrolla la lectura. Posteriormente, llegan otros avances técnicos: el telégrafo, el teléfono, la radio. Pero ninguno de ellos menoscaba la naturaleza simbólica del hombre. La palabra sigue siendo el medio de comunicar.

Esto cambia con la llegada de la televisión. En ella, prima el lenguaje visual sobre el lenguaje verbal. Y el hombre se convierte en un “animal vidente”.
Aparece una nueva generación de niños que antes de aprender a leer y a escribir, aprende a ver la televisión, y el lenguaje visual. Esto va a suponer un cambio de impresionantes proporciones.
De modo que, actualmente, la primera escuela del niño es la televisión, que es divertida. En contraposición a la Escuela, que es percibida “como un rollo”. Como consecuencia, se desprecia la cultura y la lectura, con lo que el niño se convierte en una persona madura con el tiempo. Pero se trata de una madurez pobre y apática culturalmente.

Esta situación nos lleva a poder distinguir entre una cultura del saber (buenas lecturas e información), y la “cultura de la incultura”, en la que habría que incluir también al analfabeto funcional.

El caso de la televisión es singular, ya que se trata del primer medio de comunicación que ha tenido detractores de su propia naturaleza. Aunque, generalmente, se han criticado los contenidos difundidos y no el medio en sí mismo.
Con posterioridad, se ha inventado el ordenador, que utiliza, como la televisión, el lenguaje visual, pero difiere en que no ofrece imágenes reales sino virtuales.

-La cultura audio-visual se está imponiendo a la cultura escrita, siendo la primera más pobre. Esto está haciendo que la segunda se esté convirtiendo en “elitista” (es penoso, pero es un hecho irrefutable, basta con observar la infrautilización que la población española hace de las bibliotecas, aunque en esta cuestión se entremezclan otros muchos factores). La televisión puede ser un progreso cuantitativo, pero no cualitativo.

La mayoría de la población cada vez piensa menos (y tampoco es algo que deba extrañarnos, dado el ritmo vertiginoso al que nos lleva el sistema capitalista-consumista). Y este hecho tiene mucho que ver con que lo siguiente:

Los conceptos abstractos, no visibles llevan a la construcción de un mundo inteligible.
Los conceptos visibles, concretos a la creación del mundo sensible.

El desarrollo del pensamiento humano se debe al progreso de su capacidad de abstracción. Sin embargo, la televisión supone un retroceso evolutivo, ya que nos reduce al mundo sensible primitivo y reduce enormemente nuestro vocabulario, y nuestra capacidad de entender y reflexionar.
La explicación de que la televisión aporta de la imagen es, hasta el momento, meridianamente insuficiente. De modo que, “el acto de ver está atrofiando el acto de entender”.

-¿Internet y la televisión son compatibles? Desde luego que sí, igual que lo fueron la radio y la tv. Pero, ¿quién será el protagonista de los medios? En principio, Internet debería propiciar un crecimiento cultural, entre otras razones por su interactividad. Pero aparece una cuestión crucial: ¿Cuántas personas utilizan Internet para la búsqueda de conocimiento, y no sólo para ocio como chatear? Es fácil de predecir que cuando el niño se ha criado como “homo videns”, lo más probable es que busque en Internet los mismos estímulos sensibles que le ofrece la tv, aunque en otros formatos.

En mi opinión, un mundo virtual día tras día realmente parece aburrido, pero los adolescentes y jóvenes actuales piensan completamente diferente y, cada vez, están más tiempo delante del ordenador, principalmente para ocio (messenger, chats, foros de hobbies, Second Life, etc.)
En cuanto a este punto, hay que decir que Sartori no llega a intuir (ni se le podía exigir) que Internet iría, poco a poco, acaparando el protagonismo que tenía la tv. Si bien es cierto que Internet está progresivamente incorporando a la televisión. Lo que nos habla, no sólo de la coexistencia de ambos medios, sino también de la colaboración mutua.
Por otro lado, en este libro (edición de 1998), Sartori sólo contempla el libro en papel, y no prevé la irrupción de los e-books.

-Una vez alcanzada la edad adulta, la persona sigue siendo formada o, al menos, “informada” por la televisión. Este hecho es muy importante, ya que la democracia se ha definido como el gobierno de opinión. Y en la génesis y conformación de la misma tiene gran influencia la televisión.

La democracia representativa se basa en la opinión pública, en su sentir sobre la cosa pública.
Hasta la invención del televisor, no hay un dirigismo acusado sobre la opinión pública. En cambio, la televisión disminuye la capacidad de discurrir y reflexionar. Lo que se ve en la pantalla, por sí mismo, es real y, por tanto, “verdadero”.
Esto produce el interesante e inquietante fenómeno de que la televisión no es reflejo de la opinión pública, sino que ésta se convierte en el eco de lo que dice la televisión.

Es claro que la información no es igual a saber. De hecho, la mayoría de la información que se ofrece en televisión es irrelevante, lo que provoca subinformación (=déficit de información relevante).
Por otro lado, se produce mucha desinformación (=información falseada).

Es relevante el matiz, porque en la televisión sólo aparece la información que se puede filmar, que es “videodigna”. Esto ha provocado el fenómeno cierto de que la mayoría de las noticias (a pesar de Internet) sean locales o nacionales, y se cubran muchas menos noticias internacionales, lo que provoca desinterés por lo que sucede en el mundo.
Aquello que no se ve, no existe. Por lo que las atrocidades y matanzas que acaecen en diversas dictaduras de todo el mundo, y que serían insoportables e intolerables si sucediesen en un país democrático, pasan desapercibidas y absueltas por la opinión pública general.


Nota1: utilizo el género masculino de forma genérica para facilitar la lectura, por lo que los sustantivos en forma masculina hacen referencia a personas de ambos sexos.

Nota2: enlace a la biografía de Giovanni Sartori, tomado de la Fundación Príncipe de Asturias. Os recomiendo también a leer o a escuchar el discurso que realizó en la toma del Premio en 2005, en la misma página web. Como siempre, una invitación a reflexionar.

Nota3: divido la entrada en dos partes para que su lectura resulte más fácil.