lunes, 15 de noviembre de 2010

Los libros en las bibliotecas universitarias : electrónico o papel

Ese es el debate que quiero traer hoy al blog a través de este artículo. Y lo voy a hacer a través de un artículo de la Revista electrónica “Evidence based Library and Information Practice”, realizado por Pamela S. Morgan, bibliotecaria dedicada a los recursos de información en la Biblioteca de Ciencias de la Salud en la Memorial University of Newfoundland (Canadá). Creo que es un tema muy interesante, que traspasa el ámbito estrictamente universitario y cuyas conclusiones se pueden trasladas a otras bibliotecas universitarias.

La irrupción de la edición electrónica en las bibliotecas universitarias en los últimos años ha sido generalizada. El traslado al formato electrónico es casi plenamente aceptado en las publicaciones periódicas. En cambio, no está tan claro lo que sucede con los libros.

Los diferentes estudios hasta ahora realizados resultan contradictorios y se pueden resumir en los siguientes puntos:

-Si los títulos de los libros impresos son poco solicitados por los usuarios, sus homólogos electrónicos también tendrán muy poco uso.

-La elección de las materias resulta clave a la hora que los libros electrónicos adquiridos tengan una circulación relevante.

-Los libros electrónicos tienen mayor circulación que los impresos, lo que no quiere decir que sean más leídos. Es decir, más consulta no implica mayor lectura. De hecho, normalmente los usuarios suelen leer íntegramente o, al menos, más páginas de los libros impresos que de los libros electrónicos.

-La comparación de los libros electrónicos y los libros impresos con respecto a su uso es una cuestión complicada. Una de las razones es que no está bien definido qué es un uso electrónico ni la manera de compararlo con la circulación de los libros impresos.

Este estudio está referido concretamente al ámbito de las Ciencias de la Salud, sobre el que apenas se han realizado estudios específicos. Y se ha hecho sobre la Biblioteca de Ciencias de la Salud de la Memorial University of Newfoundland (Canadá), que asiste a las Facultades de Medicina, Enfermería y Farmacia, que tienen 1500 estudiantes y 130 profesores, lo que nos aporta unas variables que quizá diferencien los resultados y conclusiones a los que se han llegado en este estudio respecto a la realidad española (aunque las diferencias vayan siendo cada vez más reducidas con el Espacio Europeo de Educación Superior).

A la hora de realizar el estudio, la falta de un formato único a la hora de recibir las estadísticas ha supuesto un obstáculo a la investigación. Un ejemplo de ello es que las estadísticas enviadas por Ovid sólo ofrecían los datos de las visitas y no de los visitantes únicos, a diferencia de los datos ofrecidos por MD Consult y Stat Ref!, los otros dos servicios de libros electrónicos a los que está suscrita la Biblioteca de la Universidad de Alberta.

Los datos de los títulos impresos se consiguieron mediante las estadísticas de préstamo del SIGB (Sistema Integrado de Gestión Bibliotecaria) Sirsi Unicorn.

Se ha comprobado que, paulatinamente, el uso de los títulos impresos se ha reducido, llegándose a la situación de que un 27% de los textos del estudio no han tenido uso. Los textos más utilizados son los de Farmacia.

Respecto a los textos en formato electrónico, su uso se ha incrementado año a año. Los más utilizados con diferencia han sido los de Farmacia, debido en parte a que son usados regularmente en una asignatura de laboratorio.

Mayoritariamente, la incorporación de la versión electrónica no ha afectado al patrón de los mismos títulos en versión impresa. Tanto es así que el 72% de la versión impresa de los textos no ha manifestado cambios en su uso. Sólo ha bajado en el 6% de los títulos. E, incluso, ha aumentado el uso de un 5% de los textos impresos. La situación de un 17% de los títulos impresos es cuestionable, ya que en los últimos años su uso ha variado mucho de un año para otro como para atribuirlo a la adquisición de la versión electrónica.

Es interesante una cuestión que señala este artículo: cómo los editores retiran algunos títulos para su adquisición individual, y los incorporan a una base de datos. Con lo cual, si una biblioteca quiere adquirir dichos títulos, tendrá que comprar el acceso a la base de datos, con el mayor coste que supone.

El uso de las versiones electrónicas de los textos parece que seguirá creciendo en los próximos años. Para que esto sea así, influirá positivamente la paulatina mayor familiariedad de los estudiantes con las versiones digitales, la promoción de los bibliotecarios a través de cursos de instrucción en alfabetización informacional, así como la consideración favorable de los profesores, cuya opinión tiene mucho mayor impacto que la de los bibliotecarios.

Por otro lado, la adquisición de las versiones electrónicas parece haber tenido poco impacto en el uso de la versión impresa. De los 82 títulos examinados, sólo 5 parece que hayan tenido una utilización menor en el período analizado, y no ha sido un descenso acusado. Por tanto, el estudio afirma que las versiones impresas siguen teniendo un lugar dentro del campo de las Ciencias de la Salud.

Otro aspecto a tener en cuenta, vinculado con lo anterior, es el relevante descenso de los títulos de colección en reserva. Se trata de textos cuya demanda es alta, por lo que se dispone de varios ejemplares. El estudio muestra que los préstamos de estos títulos ha bajado considerablemente.

Estos datos indican que se requieren estudios posteriores para determinar si el uso de monografías está en declive. Para esto se necesita disponer de una estadísticas prolongadas durante un largo período de tiempo. Algo que no proporcionan muchos editores.

Las estadísticas dadas por COUNTER podrían ayudar a solucionar este problema, ya que proporcionan unas estadísticas estandarizadas y garantizan la contabilización constante de los recursos electrónicos de diferentes editores. Sin embargo, los informes COUNTER para las monografías electrónicas se tienen más tarde y no ofrecen los datos históricos. De modo que mientras no se disponga de un mismo método para las estadísticas de los diferentes proveedores, será imposible hacer comparaciones directas entre paquetes de libros electrónicos.

Además, nos encontramos con el problema de la definición de “uso”. En los libros electrónicos, cada acceso se considera préstamo, sin hacer referencia separada a la singularidad del usuario (visita única), las renovaciones, capítulos utilizados, etc.

La contabilización, no por accesos al título, sino por accesos a un capítulo de un libro tampoco parece una buena manera de medir el uso, ya que exageraría la utilización de los libros electrónicos respecto a la circulación de los textos impresos. Un sistema de medición más adecuado podría ser a través de las direcciones IP, contabilizando un uso por cada acceso ininterrumpido a un recurso. Sin embargo, este sistema se encuentra con el problema de las desconexiones automática que realizan los servidores de libros electrónicos cuando se lleva un tiempo prolongado conectado. Señala que sería interesante realizar un estudio cualitativo sobre este aspecto y cómo aclarar cuáles son los indicios más ciertos de utilización de un recurso electrónico.

Las conclusiones a las que llega el estudio son:

-La Biblioteca de Ciencias de la Salud debe seguir adquiriendo libros electrónicos sobre las temáticas concernientes a su ámbito. Los libros electrónicos son muy utilizados y su uso sigue creciendo, a diferencia de los libros impresos, cuya evolución de la circulación es estática. Además, la edición digital tiene ventajas evidentes en referencia a su uso remoto y a que permite su consulta por múltiples usuarios. También hay que tener en cuenta que suele actualizarse con más regularidad que la edición impresa.

-La selección de los textos electrónicos (al igual que ocurre con los impresos) se manifiesta como una labor esencial. Simplemente el hecho de que un texto esté en versión digital no implica que vaya a ser consultado. Si un libro impreso no es consultado, su versión digital tampoco será consultada. Esto concierne directamente a la elección de los paquetes de libros electrónicos.

-También es fundamental la promoción de los textos electrónicos por parte de los profesores. Este importante factor puede ser complementado por la labor de instrucción y referencia de los bibliotecarios.

-Dado el bajo uso de las colecciones de reserva una vez se tiene la versión electrónica, se sugiere destinar recursos económicos a la adquisición de textos electrónicos, en vez de textos impresos. Esto va especialmente dirigido a textos de consulta generalizada (especialmente cuando se trata de textos cuya consulta es selectiva, es decir, al usuario le interesa leer un capítulo concreto, no todo el libro) para las asignaturas por parte de los estudiantes. Éstos esperan, cada vez más, que los títulos de la colección de reserva estén disponibles en versión electrónica.

-De todos modos, la importancia de los libros impresos no puede ser ignorada. A pesar de la adquisición de la versión electrónica, la utilización de la edición impresa sigue manteniéndose estable, como hemos dicho antes.

-En todo caso, el aparente poco uso general de la colección impresa y la accesibilidad de los textos electrónicos indican que los textos electrónicos han de sustituir a gran parte de los libros impresos. Se considera que es preciso realizar un examen global de la colección impresa para confirmar que el escaso uso es generalizado a toda la colección y, por tanto, dar los pasos necesarios para desarrollar plenamente la colección monográfica electrónica.
 
Nota: enlace al artículo original: Morgan, Pamela S. (2010). "The Impact of the Acquisition of Electronic Medical Texts on the Usage of Equivalent Print Books in an Academic Medical Library". Evidence based Library and Information Practice, Vol. 5, Nº 3, 5-19. 

jueves, 28 de octubre de 2010

Express Library: las nuevas tecnologías ofrecen un nuevo servicio a las bibliotecas públicas

La crisis económica (sí, otra vez, está en todas partes) está afectando con fuerza a las bibliotecas públicas estadounidenses. Las acusadas disminuciones de las partidas presupuestarias están obligando a realizar al cierre de sucursales bibliotecarias, reducción de horas de apertura y despido de personal bibliotecario.

Sin embargo, el espíritu de las bibliotecas públicas por ofrecer el mejor servicio posible a los clientes sigue completamente vigente. Lo demuestra la adquisición de un nuevo ingenio adquirido por un creciente número de bibliotecas públicas estadounidenses.

Su nombre es Express Library y se trata de una especie de armario metálico con diferentes departamentos, ubicado en el exterior de la biblioteca, que permite a los usuarios tomar libros en préstamo cuando las bibliotecas están cerradas. El sistema es muy sencillo: el usuario hace su reserva por Internet y, unos días más tarde, recoge su libro, dvd, etc. de uno de los departamentos, habiendo previamente introducido un código digital.

De manera que las Express Library ofrecen un nuevo servicio a los usuarios, permitiéndoles tomar prestados libros en horarios cuando las bibliotecas públicas están cerradas. Esto es muy importante para muchas personas que no pueden acudir a la biblioteca de su barrio debido a su jornada laboral.

De manera que ofrece un nuevo servicio que antes no tenían las bibliotecas públicas, porque ninguna biblioteca puede ofrecer un servicio de préstamo 24 horas al día, incluidos festivos.

En todo caso, las nuevas tecnologías no van a sustituir al personal bibliotecario porque, como afirma James Lund (director de la biblioteca pública de Red Wing) la verdadera misión de las bibliotecas es la educación pública, y una máquina expendedora no puede ofrecer educación. Como él dice, la ciudadanía necesita educadores.

Por ello, me parece peligroso el titular del artículo de Wall Street Journal que aquí comento: “Las nuevas tecnologías prescinden de los bibliotecarios”. No se puede pensar que las máquinas pueden sustituir a l@s bibliotecari@s. Creer que las bibliotecas son simplemente expendedores de libros es una imagen obtusa de lo que realmente son y representan. Quizá con titulares tan “sencillos” se quiere hacer pensar al contribuyente estadounidense que las bibliotecas públicas pueden ser reemplazadas por máquinas y que, por tanto, las bibliotecas públicas son un gasto del que las administraciones pueden prescindir. Quiero pensar que no es así, aunque tratándose de un periódico financiero y conservador, quién sabe.

Nota: artículo original aparecido en Wall Street Journal, con fecha de 25 de octubre, realizado por Conor Dougherty.

viernes, 15 de octubre de 2010

Y si lo nuevo ya estuviera inventado: Dewey

Tod@s los que tenemos algún tipo de vinculación con las bibliotecas, sea como profesionales o como usuarios, conocemos esos numeritos que aparecen en el lomo de los libros, en los tejuelos. Forman parte de la Clasificación Decimal Universal o CDU. Desde hace mucho tiempo despreciada, principalmente porque es considerada por muchos una estructura rígida, con una sintaxis poco flexible, o porque es un sistema poco amigable para los clientes de las biblitotecas. Poco a poco, le toman territorio los grupos de interés u otra clase de sistemas de organización más inteligibles por los usuarios. Sin embargo, la CDU sigue ahí, presente mayoritariamente en las bibliotecas públicas.

La clasificación Dewey, análoga de la CDU, fue inventada incluso antes. Lleva con nosotros nada más y nada menos que desde 1876. A pesar de todas las críticas que ha recibido y de todas sus limitaciones, siempre me ha parecido un ingenio maravilloso, unos pocos números que son capaces de compendiar todo el conocimiento humano.
Lo más sorprendente es que a esta conclusión ha llegado Phil Shapiro (articulista de PC World, educador y activista del acceso a la tecnología). En un reciente artículo, comenta los problemas que ha tenido para localizar unidades USB económicas y de 256 mb (suficiente capacidad para el almacenamiento de textos) para jóvenes y adultos con bajos ingresos.
Tardó varios meses en encontrar un proveedor que proporcionaba justo el producto que buscaba. Afirma que si hubiese habido un número de la Clasificación Decimal Dewey relacionado con dicho producto, hubiera encontrado rápidamente el producto que buscaba.

Cree que tendría que crearse una codificación DDC para los contenidos de Internet. Y considera que las entidades adecuadas para crear dicha codificación, de manera participativa, sería la Fundación Wikimedia, junto con American Library Association y la Internet Archive. Y la Fundación Gates podría aportar la financiación de dicho proyecto.

Curiosamente, esta idea le surgió a Phil Shapiro cuando observó a un bibliotecario que había memorizado la Clasificación Decimal Dewey e indicaba con exactitud a los usuarios dónde se localizaban los materiales que querían.

¿Se imaginan algo similar en Internet? Desde luego, está claro que, a pesar de todos los avances en las relaciones semánticas de términos, la capacidad de brevedad y de organización que ofrecen los sistemas numéricos parece todavía inigualable. La verdad es que extrapolar un sistema análogo al Dewey a Internet, es una idea muy atractiva. Yo no acabo de verlo, me parece demasiado complicado, y no sé si práctico. Pero, ¿y si lo nuevo, si el futuro estuviera ya inventado?

Nota: artículo original aparecido en Pcworld, escrito por Phil Shapiro, con fecha de 29 de septiembre.

viernes, 1 de octubre de 2010

El bibliotecario personal: más que bibliotecario, educador

Hoy os traigo una interesante e innovadora propuesta de la Drexel University (Pennsylvania, Estados Unidos) que va en la tendencia, cada vez más necesaria, de estar cerca de las necesidades de los usuarios, a la vez que hace más visible la labor de las bibliotecas (algo no menos importante).

El “Personal Librarian Program” de la Universidad de Drexel asigna un bibliotecario a cada uno de los 2750 estudiantes de primer año. Antes de que comience el curso, los bibliotecarios se ponen en contacto con los estudiantes a través de correo electrónico. Luego, se reúnen en persona con ellos y les ofrecen un curso intensivo sobre la oferta de la biblioteca. Y su ayuda se prolongará durante todo un semestre, en la que les animarán a utilizar los recursos bibliotecarios y les ayudarán a utilizarlos.

Los bibliotecarios cumplen un papel similar al de los Entrenadores personales. Y esta ayuda se muestra indispensable ya que, como afirma Danuta A. Nitecki (decana de las bibliotecas de la Drexel University), el mayor problema  que tienen los estudiantes no es cómo utilizar los motores de búsqueda, sino qué es lo quieren encontrar. “A menudo, no sabe lo que están buscando”, sentencia la Sra. Nitecki.
Este programa de la Drexel University trata de redefinir el papel de la biblioteca. Y, además, al lograr que los estudiantes interactúen con los bibliotecarios, destacan y refuerzan el rol de éstos como educadores.
Como señala la Sra. Nitecki, con esta iniciativa se consigue que las bibliotecas sean más acogedoras y atractivas.

De hecho, el Personal Librarian Program ya ha despertado el interés de muchos estudiantes universitarios y de otras bibliotecas universitarios.

Sin duda, puede parecer un esfuerzo casi faraónico para muchas universidades, pero se trata de una posibilidad de cambiar la visión sobre las bibliotecas de nuestros usuarios. Cambiarla para bien. El esfuerzo puede requerir muchas horas de planificación y de elaboración de materiales, aparte de horas de atención al usuario. Pero seguro que el esfuerzo merece la pena. Ojalá que cunda el ejemplo.

Nota1: la fuente original es la noticia aparecida en "The Chronical of Higher Education", escrita por Travis Kaya, con fecha de 14 de septiembre.